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Memoria del anarcosindicalismo a los 101 años del nacimiento de la CNT

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Dossier:

La inteligencia oficial y su visión del anarcosindicalismo

El anarcosindicalismo frente al reto de su necesaria transformación

Formación sindical de CGT y transmisión del legado histórico

Celebrar la esperanza y conmemorar la derrota.

La construcción de una memoria libertaria en la reciente bibliografía sobre el anarquismo hispano

Lecturas sobre el anarcosindicalismo en España.

Recordamos los 101 años del nacimiento de la CNT sin resignación, con el deber de conmemorar a los vencidos y en la convicción de que el movimiento libertario es hoy el resultado de las esperanzas y del sudor de muchos.

Recordar no es un ejercicio fútil de coleccionismo, ni una vacua reflexión sobre lo que fue, lo que pudo ser o lo que se soñó ser. La memoria no intenta recomponer el pasado para engolosinarse en él, tiene una pretensión crítica, pretende romper el discurso de los vencedores, impugnar el presente. La memoria es un acto de solidaridad hacia el pasado; sólo si las generaciones actuales hacemos nuestra la pretensión de liberación de las generaciones pasadas, podemos poner las bases de futuro diferente. Miramos hacia atrás, pero sólo buscando inspiración, lejos de la nostalgia o del negro retrato que hace del anarquismo el discurso oficial, pretendemos conmemorar un acontecimiento, el nacimiento de la CNT pero sobre todo, destacar la importancia del hecho de que antes cómo ahora tenemos la necesidad de disputar el espacio al poder y descubrir las sutiles trampas de la dominación.

Lejos de nuestras aspiraciones está el hacer un completo recorrido por la bibliografía o la historia del movimiento libertario en los últimos cien años. Otras publicaciones y otros trabajos han hecho ese esfuerzo. Nuestra intención ha sido la de engranar esa memoria con una perspectiva de futuro. El movimiento libertario no puede ser hoy lo que fue en sus inicios, porque, cómo bien señala Tomás Ibáñez, los tiempos son distintos y diferentes han de ser las soluciones.

El artículo de Rafael Cid que inicia el dossier repasa la imagen que la memoria oficial ha construido sobre el anarquismo, una imagen desdibujada y caricaturesca que ha servido para condenar a la marginalidad del movimiento, para ningunearlo. El relato de los vencedores, el relato que justifica el presente, que busca en el pasado del anarquismo los aspectos más escabrosos para terminar por dictaminar su ahistoricidad y para condenar su pervivencia.

El segundo artículo del dossier profundiza en el análisis de la memoria del anarquismo y en la definición del papel de la memoria como legitimadora de cualquier comunidad.

Para Daniel Parajua y David Seiz la memoria anarquista, se construye precisamente a partir de la reacción a esa memoria oficial y tremendista, que Rafael Cid desgrana en el primer artículo. Esta memoria a la contra conduce a una historiografía militante empeñada en destacar la virtudes del santoral libertario. La memoria anarquista se debate así entre diferentes discursos, quienes hacen del movimiento un reducto de ilusos y desorientados, quienes convierten al anarquismo desde sus orígenes en la quintaesencia de todas las virtudes humanas y civiles y la de quienes ven en el anarquismo el último reducto de la resistencia a un capitalismo desbocado. Los tres aparecen, se mezclan, se confunden y pueden seguirse en algunas de las últimas novedades bibliográficas.

Puede que sea precisamente en aquellos que hacen del anarquismo la esencia de cualquier resistencia al poder, donde este dossier cobra su verdadera esencia. Esta es la propuesta que plantea Tomás Ibáñez, para quien esa mirada hacia atrás busca recomponer la vitalidad del movimiento libertario. El pasado es ejemplo de cómo la hibridación de luchas, espacios y comunidades hizo del anarquismo el movimiento que fue y que parece hoy resurgir sobre las mismas bases. El aire de familia que tienen muchos de los movimientos que hoy en día tratan de romper la lógica dominante, apuntan en este sentido.

Tomás Ibáñez hace memoria pero para coger carrerilla, para dar un salto hacia delante que haga evolucionar al anarquismo hacia el siglo XXI.

En la mejor tradición del anarquismo está el artículo José Antonio Ojeda y Jacinto Ceacero, que repasan también desde el presente y la proyección de futuro, la importancia de la formación en el movimiento libertario.

El anarquismo se ha empeñado desde sus orígenes en un esfuerzo por la formación de sus militantes, en la construcción de unas bases intelectuales sólidas y al alcance de todos los miembros del movimiento, tal y como recogen Ojeda y Ceacero en su contribución al dossier.

Por último corresponde a Francisco Marcellán hacer una revisión crítica de algunos de los títulos que a su juicio determinan los ejes principales de la memoria anarquista, se trata, como es evidente de una mirada personal, habrá quienes echen obras de menos, pero la referencia es lo suficientemente extensa como para cumplir sobradamente con el propósito del presente dossier.

Necesitamos hacer memoria para mantener viva la esperanza que elevaron nuestros antepasados, para ratificar su reclamación de un mundo más justo y desde luego para sumar nuestra necesidad de hacer cierta esa aspiración en el presente.

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