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Viejo Mundo. ¿Nuevas Reglas?

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Andrés Herrera – Feligreras, Investigador del Área de Internacional y Derechos Humanos de la Fundación Institutode Promociónde Estudios Sociales ( I P E S )

Los agentes internacionales cambian en sus protagonismos según el peso de su potencial militar y económico, también condicionados por sus específicas situaciones internas. Con esos cambios los ejes de interés se desplazan dibujando un nuevo mapa en las relaciones internacionales. Lo que no parecen variar son sus reglas.

El pasado 25 de enero en su discurso sobre el Estado de la Unión, Obama señalaba que «el mundo y las reglas han cambiado»; como muy bien se preguntaba Fernando Delage en la sesión de trabajo que abría, unos días más tarde, en el Foro España-Japón, la cuestión que no señaló el presidente de EE.UU es cuáles eran las nuevas reglas y, lo que es más importante, si esas reglas son compartidas.

Este artículo tiene como objetivo facilitar algunas claves que permita al lector analizar el nuevo ajuste que actualmente se está dando en las relaciones internacionales.

Multipolaridad

Tras el colapso de la URSS, no eran pocos los que proponían que los reajustes post Guerra Fría darían paso a la sustitución del mundo bipolar por uno de carácter multipolar donde el reparto del poder entre un mayor número de estados reduciría el riesgo de conflicto. Sin embargo, el poder, no solo se ha repartido entre gobiernos. Otros agentes como el mundo de las finanzas y los mercados, las grandes corporaciones y las mafias, por citar algunos, se han convertido en actores protagonistas de este reparto.

Es decir, no solo estamos asistiendo a que el poder mundial se traslada del Eje Atlántico al Pacífico –de lo que hablaremos luego- sino que también hay un corrimiento desde el estado hacia agentes no estatales, y estos últimos no tienen por qué ser agentes positivos.

Esta multipolaridad necesita de foros multilaterales de gobierno que eviten la repetición de un modelo como el que imperó en Europa de características bismarckianas, sin embargo la ONU pierde peso en favor de otras estructuras como la OTAN.

Hegemonía

Si entendemos el orden hegemónico como aquél en el que solo una única potencia es capaz de trazar la agenda global, podemos señalar todavía cierto papel central de Estados Unidos, y de Occidente en general. Si vamos un poco más allá e imaginamos tres planos, esto es el militar, el económico y el de la sociedad civil el «éxito» occidental se matiza. Es claro que Estados Unidos seguirá siendo, durante mucho tiempo, el poder duro hegemónico. En lo económico, aunque existan casos de marcada estatalización como China o Rusia, existe una adaptación casi total a la economía de mercado. Ahora bien, a juzgar por la situación de los derechos humanos y las sociedades civiles en el mundo ha quedado claro que el discurso ingenuamente optimista que dibujaba el mundo globalizado como una Arcadia feliz, donde economía de mercado y libertad iban de la mano, está en la basura. Para quienes tenían alguna duda la lección más evidente, desde que el proceso de globalización se reiniciara, es precisamente que, como ha señalado Javier Solana, «un mundo globalizado en lo económico no necesariamente trae consigo una globalización política, democracias, derechos humanos y libertades individuales, al menos a corto plazo».

Gobernanza

Si algo está demostrando la crisis es la interdependencia. En esa interdependencia se encuentran, por ejemplo, los porqués de la compra de deuda europea por parte de Estados Unidos, China, Japón o Brasil. Pero más allá de lo económico, otras amenazas como la medioambiental o las crisis alimentarias exigen respuestas globales. Sin embargo, ya se ha aludido antes, las Naciones Unidas – el único organismo que, con todos sus problemas, tiene una agenda mundial- está perdiendo peso. Se pudo ver en la cumbre del Cambio Climático o se percibe en el nuevo concepto estratégico de la OTAN, donde la política gana peso en la Alianza y desaparecen los límites geográficos de actuación ¿no vacía, esta nueva OTAN, de contenido real el papel de la ONU? Lo cierto es que el sistema de Naciones Unidas sigue respondiendo a otras épocas. Por ejemplo, en el Fondo Monetario Internacional belgas y chinos tienen el mismo peso. Además está la cuestión del Consejo de Seguridad, sobre cuya necesidad de reforma, para potenciar la legitimidad de la ONU, existe coincidencia. Lamentablemente, el choque de intereses entre las viejas potencias y los países emergentes impiden el acuerdo. Uno de los grandes retos del futuro será encontrar la estructura de gobierno eficaz del mundo multipolar al que aludíamos al principio. Existe el riesgo de que a falta de una estructura única y universal, se acaben articulando estructuras de gobernanza que obedezcan a los intereses de las potencias regionales y creen, por tanto, potenciales focos de conflicto.

EE.UU/ UE / Rusia

Una revisión de la última década nos muestra un continente europeo menos estable e influyente de lo que se pretendía por sus élites. La UE no pudo hacer frente a la crisis de Kosovo (1998-1999), evitar la escalada en el Cáucaso, los problemas energéticos o la inestabilidad en el espacio ex soviético de Asia Central. La UE ha perdido centralidad en la política internacional y su peso político no deja de erosionarse conforme otros agentes, como China, cobran protagonismo.

¿Habrá terminado el momento político europeo? Lo que es cierto es que si hemos hablando antes de un mundo multipolar, sin duda, estamos también –como han señalado Mark Leonard e Ivan Krastev- ante una Europa multipolar con tres grandes protagonistas: la UE, Rusia y Turquía. El último de estos tres actores lejos de contentarse con un papel secundario de eterna frontera de seguridad de la UE busca ahora ser una actor regional con voz global. Rusia por su parte, ha trazado una Westpolitik centrada en cuatro objetivos: identidad europea de Rusia; desarrollo económico como principal meta de su acción exterior; cooperación estratégica con EE.UU al tiempo que enfatizan los contactos con otros centros como China, India y Brasil; y cohabitar con la UE desarrollando prioritariamente políticas bilaterales con algunos estados miembros. Por último, la propia UE no es un bloque con posiciones coherentes sino que está sujeta tanto al juego de equilibrios protagonizado por las distintas banderías internas, como a la fractura identitaria fruto del desapego entre las poblaciones y las estructuras comunitarias.

La ausencia de Obama de las celebraciones del vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, aludiendo problemas de agenda, es significativa de la nueva relación entre EE.UU y Europa. No es la primera vez que la Casa Blanca manda señales a Bruselas sobre cómo la UE pierde protagonismo en la agenda de Washington. Es de prever que ese lugar central ocupado por Europa durante cincuenta años vaya siendo ocupado por otros escenarios, ya sea por problemas de seguridad o por prioridades de cooperación económica.

Los emergentes

Bajo las siglas BRIC se esconden cuatro nombres que se han dado en llamar como economías emergentes. Estos son Brasil, Rusia, India y China.

Muy brevemente se puede señalar que Brasil se ha convertido en la primera potencia latinoamericana; que Rusia, al que ya se ha aludido, no se contentará con ser el proveedor de materias primas de la globalización que viene siendo hasta ahora y que, posiblemente, intentará superar los déficits institucionales que marcan su vida pública; que India, a pesar de la importancia que ocupa en todos los pronósticos, tiene todavía graves problemas de desigualdad; y, finalmente, que China es sin duda, de este grupo, el actor que más ha sorprendido por su capacidad de cambio. Convendría señalar que estos dos últimos –India y China- no son en realidad economías emergentes, sino más propiamente re-emergentes pues hasta la Revolución Industrial en Occidente estas dos economías aportaban más de la mitad de la riqueza mundial (frente a Europa que aportaba menos de un tercio).

El interrogante con los emergentes es cómo van a reaccionar las élites occidentales -y muy particularmente las europeas y estadounidenses- identificándose para ello tres posibles escenarios: a) Una reacción proteccionista y nacionalista, en una nueva edición de lo que se dio en llamar «mentalidad de Guerra Fría» b) Endureciendo la legislación internacional, provocando una opinión pública adversa etc. tendente a buscar la confrontación abierta en un juego de suma cero (ganar/perder) c) Un escenario de colaboración y competición, complejo y difícil, aunque potencialmente beneficioso para ambas partes.

El Pacífico

Si tomáramos el establecimiento de relaciones comerciales entre China y Filipinas y de estas con México y Europa, a través del Galeón de Manila, como el inicio del proceso histórico llamado globalización y trazáramos una línea hasta nuestros días llegaríamos fácilmente a algunas conclusiones:

1º) La ya mencionada, más arriba, sobre el papel de las economías de China e India hasta bien avanzado el s.XVIII.

2º Que la globalización es un proceso histórico que ha tenido momentos en los que ha estado frenado (como el posterior a la II Guerra Mundial), otros de gran aceleración (como el que vivimos) y que no siempre conduce a finales felices (como el que condujo a la I Guerra Mundial)

3º Que el centro de poder político, militar y económico se ha venido desplazando históricamente: del Mediterráneo al Norte de Europa y, tras la I Guerra Mundial, al Atlántico. A lo largo del siglo XX el eje de poder transatlántico sufrió un proceso de consolidación que ha sido puesto en jaque por el dinamismo de las economías de Asia Oriental y, muy particularmente, por la de China durante estos últimos años.

4ºQue tanto en el periodo de hegemonía europeo como de poder transatlántico se ha ejercido desde una cultura y una ideología común. Esta es una diferencia sustancial con respecto al nuevo desplazamiento hacia Asia-Pacífico, donde los actores están obligados a cohabitar desde miradas del mundo y tradiciones culturales netamente distintas.

La cuenca del Pacífico es donde convergen las distintas claves tratadas a lo largo de este artículo convirtiéndolo en un escenario geopolítico de máximo interés. Especialmente por la presencia de tres poderosos actores.

Estados Unidos, al que ya nos hemos referido y que, sigue siendo, el verdadero árbitro en la región. Con Europa perdiendo centralidad en su agenda, es muy probable que la superpotencia acentúe su mirada hacia el Pacífico. Japón, que ha reaccionado a este cambio de gravedad mundial priorizando Asia como zona de desarrollo. Aunque la actualidad centra sus focos en la emergencia China, esto no significa que Japón haya desaparecido. Es verdad que su economía no crece como lo hacía y que el sistema político parece necesitar una renovación, pero esto no significa que Japón haya dejado de ser un país importante.

En primer lugar, porque Japón –junto con Corea del Sur, Taiwán y Filipinas – es una pieza central en la estrategia militar de Estados Unidos en Asia. En segundo lugar, ante la emergencia de China hay países que ven en Japón un socio/agente equilibrador. En tercer lugar, Japón está presente de forma activa en distintos diálogos bilaterales con organismos occidentales, por ejemplo la UE, con la que comparte vínculos e intereses.

Naturalmente, el tercer actor es China. Centraremos las siguientes líneas en su acción exterior, no sin antes esbozar que a pesar del importante crecimiento (por encima del 9% tanto en el 2008 como en el 2009),las grandes mejoras en desarrollo científico-técnico e infraestructuras, la sólida defensa de su soberanía monetaria, China debe afrontar desequilibrios interiores de proporciones titánicas.

Podríamos citar, de entre los principales objetivos en esta materia la lucha contra la corrupción, la pobreza y los problemas ambientales. Mencionar también, tan solo por ser un recurrente tema de interés, que según el último informe del Observatorio de la Política China el pasado mes de octubre China había superado los 900.000 millones de dólares en bonos del Tesoro estadounidenses. En lo referente a España, China tiene aproximadamente el 20% de la deuda lo que la convierte tras Francia en el segundo tenedor mundial de deuda española. Dicho sea de paso, las medidas de sostenimiento del euro han mejorado sensiblemente las relaciones UE-China. Como también ha mejorado con la India y con Rusia se mantienen a buen nivel.

Sin embargo, la ambición china de convertirse en potencia regional lleva aparejada el incremento de tensiones; especialmente con Estados Unidos (agenda económica, recepción al Dalai Lama, venta de armas a Taiwán, crisis coreana…) que mina la confianza a largo plazo entre Washington y Pekín. El otro foco de conflictos es Japón.

Aunque se sigue progresando en la construcción del eje Tokio-Seúl-Pekín, la relación sino-japonesa es un campo de minas en el que el más mínimo conflicto (véase por ejemplo la interceptación de un buque pesquero) se convierte en una escalada de sanciones mutuas. Además, hay que sumar los conflictos territoriales no resueltos (islas Diaoyu-Senkaku) que inundan el futuro de la zona en un mar de incertidumbres, dificultando finiquitar el proceso de construcción de una Comunidad de Asia Oriental que en su día impulsara, el primer ministro japonés, Hatoyama.

Así pues asistimos a un cambio en el centro de gravedad de la política mundial donde en el espacio protagonista ( Asia-Pacífico) encontramos distintos polos de poder que desean ser protagonistas; carencia de estructuras que permitan una gobernanza multilateral; focos de potenciales conflictos y el nacionalismo como instrumento en dos (China y Japón) de los principales actores.

Por si fuera poco, tres grandes desafíos transversales son compartidos por la totalidad del planeta: a) La proliferación nuclear b) La desigualdad económica y social dentro de los distintos países. Especialmente preocupante en Occidente donde se observa un retroceso: la tendencia histórica ha sido invertida y lleva ya unos años incrementándose c) el reto del cambio climático, la gestión energética y del agua, así como de alimentos.

Después de esta visión panorámica, es imposible dejar de preguntarse ¿las reglas realmente han cambiado? ¿No serán las palabras de Obama una versión renovada de aquellas que dijera el protagonista de El Gatopardo: «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie»?

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