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Proudhon: “La propiedad es el robo”

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Juan Carlos Girbau García,  ha sido profesor en la Universidad del País Vasco

“La propiedad es el robo” es probablemente la frase por la que casi todos conocemos al contradictorio Pierre-Joseph Proudhon. Un demócrata convencido que expone los más críticos y contrarios argumentos contra el sufragio universal. Un defensor del ideal de la justicia que afirma y ensalza, como nadie lo ha hecho, el derecho a la fuerza. Un ser profundamente individualista que manifiesta vigorosamente su oposición a la libertad en economía y su horror a la competencia. Un adorador de la Revolución Francesa que desprecia y censura duramente a los revolucionarios. Un socialista que pone toda su capacidad expresiva, toda su capacidad lógica en derribar y arruinar todos y cada uno de los sistemas socialistas de su época.

El hijo de una familia humilde que tuvo que abandonar sus estudios secundarios a los dieciocho años para trabajar como aprendiz de tipógrafo y que a los veintisiete inicia una aventura empresarial junto con unos amigos[1]. El estudiante que supera su examen de bachiller con veintinueve años y que presenta a la Academia de Besançon su candidatura a una beca pensionada que le fue concedida[2]. El becario que llega a París a primeros de noviembre de 1839 para continuar sus estudios de letras y que, mediatizado por sus persistentes problemas económicos, se interesa por la economía política como instrumento para la mejora social, sigue los cursos impartidos por economistas de todas las escuelas, desde los clásicos y liberales hasta los socialistas, estudia y crítica sus teorías y comienza su propia reflexión teórica.

 Proudhon observa cómo los políticos liberales fundamentan la soberanía nacional en la superior capacidad y formación de los propietarios, y analiza la aplicación del sufragio censitario -quien posee vota para elegir a alguien que posee más que el- en un país confrontado entre la proclamación revolucionaria del derecho inalienable y sagrado a la propiedad individual y la realidad del pauperismo, la realidad de la miseria sufrida por una mayoría de ciudadanos franceses.

 Proudhon aprecia la contradicción existente entre la esperanza de alcanzar un orden social justo y la existencia de un derecho civil protector de los intereses particulares. Llega así a la siguiente conclusión: para un orden social justo  importa más la distribución de la riqueza que la representación política.

 Por ello, considerando absolutamente vana la idea de que la revolución política lleve a la revolución económica, juzga también vanos los esfuerzos de quienes optan por la ampliación del derecho al sufragio como solución del problema de la desigualdad social, y trata de encontrar un termino medio entre la apropiación exclusiva de los bienes por los particulares (la propiedad privada) y la apropiación y la distribución igualitaria de los bienes de los particulares por el Estado (el comunismo). Fruto de este proceso son sus tres famosas memorias sobre la propiedad que publicará de 1840 a 1842.

 La primera, Qu’est-ce que la propriété? ou Recherches sur le principe du droit et du gouvernement (J.F. Brocard, París 1840), orientará definitivamente el destino de Proudhon como economista y filosofo social. En adelante, Proudhon concebirá su obra como una crítica social apoyada en la ciencia económica y destinada a extraer de los hechos observados una filosofía que justifique las soluciones prácticas y las posteriores reformas. También es una obra que marcará el final de las huecas proclamas humanitarias del reformismo social y el inicio de las respuestas positivas y de la discusión científica que desembocarán en el socialismo marxista[3].

 Esta primera memoria es un original análisis de la propiedad que, en palabras del propio autor, constituye “el principio mismo de nuestro gobierno y de nuestras instituciones”[4] a pesar de que la propiedad y la autoridad están amenazadas de ruina desde el principio del mundo, por lo que así como el hombre busca la justicia en la igualdad, la sociedad aspira al orden en la anarquía[5].

 Proudhon sostiene además la tesis de que ni el trabajo ni la ley son causas o fundamento de la propiedad y, haciendo gala de su radicalismo, escandaliza a los filósofos afirmando que la propiedad es un efecto sin causa,  a los economistas y juristas negando las bases de la propiedad y,  como remate final, horroriza a burgueses y propietarios formulando su blasfemia: La propiedad es el robo, y proponiendo una solución a su búsqueda de un término medio entre la propiedad privada y el comunismo, una tercera forma de sociedad, síntesis de la comunidad y de la propiedad: la asociación libre, la libertad en el trabajo y en la economía y la posesión reemplazando a la propiedad.

 El libro provocó una indignada reacción entre los académicos de Besançon, suavizada al escuchar a A. Blanqui, famoso publicista y economista, afirmar que esta primera memoria de Proudhon tenía un valor científico innegable.

 Este apoyo explica el título de la segunda memoria sobre la propiedad, Lettre à M. Blanqui, professeur d’économie politique au Conservatoire des arts et métiers, sur la propriété; Deuxième mémoire (París, 1841). Esta segunda Memoria es una apología de la primera, en la que Proudhon desarrolla nuevos puntos de vista y llega a afirmar que todas la causas de la desigualdad social se reducen a la apropiación gratuita de las fuerzas colectivas, la desigualdad en los intercambios y el derecho de lucro. Esta triple forma de usurpación de los bienes de otros es fundamentalmente el ámbito de actuación de la propiedad y por ello, afirma Proudhon, niega su legitimidad y la califica como un robo.

 La tercera, Avertissement aux propriétaires, ou Lettre à M. Considerant, rédacteur de La Phalange, sur una défense de la propriété (París, 1842), no es una memoria sino un panfleto en el que Proudhon, en un preámbulo y dos partes (una teoría de la propiedad y una respuesta a las acusaciones recibidas por la segunda Memoria),  apostrofa a los falansterianos, maltrata a los furieristas y ataca violentamente al periódico Le National. En la parte teórica, Proudhon sostiene sus tesis igualitarias y, apoyándose en Adam Smith y sus primeros comentaristas franceses, afirma que toda propiedad es un monopolio y que sólo es legitima por el trabajo.

 Si sus dos provocativas memorias sobre la propiedad habían inquietado al Gobierno, este violento panfleto le proporcionó a la Fiscalía de Besançon los motivos para denunciarle por atacar a la Propiedad, excitar el odio contra el Gobierno y contra algunas clases de ciudadanos y, finalmente, ofender a la Religión. Proudhon fue absuelto y el juicio representó una victoria personal ya que él mismo había ejercido su propia defensa, dando lectura a un texto en el que, entre otros muchos argumentos, llegó a  afirmar:

 “En toda mi vida no he escrito mas que una cosa, Señores del Jurado… La propiedad es el robo. ¿Sabéis a que conclusión he llegado? A que para abolir esta especie de robo es necesario universalizar la propiedad. Soy, como veis Señores del Jurado, tan conservador como vosotros y quien diga lo contrario, probará solo por esto que no ha entendido nada de mis libros, digo más, nada de las cosas de este mundo”[6].

Pero, como siempre, el método especulativo proudhoniano, a través de la antinomia, nos situará en terrenos contrarios. En 1862 Proudhon escribe una cuarta Memoria, Théorie de la propriété[7].

En esta última memoria, Proudhon plantea un enfrentamiento entre la Propiedad y el Estado tomando partido por la Propiedad, que llega a considerar como la fuerza más grande que puede oponerse al poder relegando la posesión, que en su primera memoria debía reemplazar a la propiedad, a una solución moral pero incapaz de equilibrar el poder del Estado porque en tal sistema el Estado está de un lado y todos los ciudadanos junto a él generan un absolutismo gubernamental.

 Por ello la función de la propiedad tiene que ser la de equilibrar el poder del Estado, porque para que los ciudadanos sean algo en un Estado no basta con la libertad personal. Esta libertad personal tiene que estar apoyada en algo material que el ciudadano tiene que poseer soberanamente, al igual que el Estado ostenta una soberanía sobre el dominio público.

 Propiedad y Estado se transforman de esta forma en fuerzas en equilibrio con tendencia al absoluto. Para evitarlo será precisa la existencia de garantías contra sí mismas: contra la Propiedad, el crédito mutual y gratuito, los seguros y los impuestos; contra el Estado, la separación y distribución de poderes, la igualdad ante la Ley, la libertad de prensa, el control público y la organización federal.

 Resulta muy difícil no anotar la matización que esta obra póstuma añade a la frase La propiedad es un robo. Es un robo la propiedad que da derecho a las rentas, los alquileres, los altos salarios, etc., porque recibe algo a cambio de nada. Pero si fuera posible su eliminación progresiva, sería nulo el efecto de la propiedad, y ésta sería aquella libertad que equilibra la libertad individual y el Estado.

 Con todo, no debemos olvidar que el objeto central de la crítica proudhoniana es la noción de propiedad que surge del propósito de repartir los bienes materiales; que para el reparto se aplicó el derecho del más fuerte y que de tal derecho surgieron la servidumbre, la usura, el tributo y toda la larga serie de impuestos, tasas, gabelas…; en una palabra, la propiedad privada.

 Tampoco debemos olvidar que al derecho del más fuerte le sucedió el del más astuto; el músculo sustituido por el ingenio. Así surgieron las ganancias de la industria, el comercio y la banca; los fraudes mercantiles; las pretensiones de lo que se denomina “talento” y “genio” y que, como ha quedado demostrado en la actual crisis económica, tendría que denominarse “engaño”.

 Por ello cabe preguntarse: ¿Están aún vigentes las ideas de Proudhon a los doscientos años de su nacimiento?

 Ciertamente, su propuesta de crédito gratuito resultó y aún resulta ciertamente impracticable sin el consentimiento de toda la sociedad. Sin embargo, no lo es menos que la supresión de la intermediación financiera disminuiría el coste y la dificultad de obtención del crédito. Esa supresión es posible, como lo demuestra la concesión de microcréditos por el Grameen Bank creado por el Profesor y Premio Nobel Muhammad Yunus. Y ¿acaso esta respuesta solidaria no es deudora de aquella realidad proudhoniana que en 1848-1849 se llamó el “Banco del Pueblo”?

 



[1] Una pequeña imprenta en Besançon, Lambert y Cia., que sólo editará dos títulos (Elementos primitivos de las lenguas de Bergier, con un estudio anónimo del impresor-editor titulado Ensayo de Gramática General. El anónimo editor era, por supuesto, Proudhon) y que, tras el suicidio de Lambert, se liquidará en 1838 por la gravedad de su situación financiera.

[2] La beca Suard por un importe anual de 1.500 francos se concedía cada tres años a un joven pobre del Franco-Condado para seguir estudios de letras, ciencias, derecho o medicina.

[3] Esta obra fue elogiada por Marx en sendos artículos publicados en 1842 en el Rheinische Zeitung y en su obra de 1843 La Sagrada Familia. En 1846 Proudhon publicará los dos volúmenes de su Système des contradictions économiques ou Philosophie de la misère, que provocará las críticas de Marx, en adelante enemistado con Proudhon, manifestadas en su obra Miseria de la Filosofía.

[4] ¿Qué es la propiedad?  Traducción de Rafael García Ormaechea. Ediciones Orbis, Barcelona 1983, pág. 29

[5] Proudhon define la anarquía como ausencia de señor, de soberano y forma de gobierno a la que más se aproxima la sociedad de día en día

[6] Explications présentées au Ministère Public sur le droit de propriété. Cour d’Assises du Département du Doubs. Séance du 3 février 1842. In Oeuvres Complètes, Ed. Marcel Rivière, Paris 1938.

[7] Proudhon no quiso que se publicará en vida y sólo la encontraremos entre sus Oeuvres posthumes (Vol. I: Théorie de la propriété. Projet d’exposition perpétuelle …), A. Lacroix: Verboeckhoven et Cie, Paris, 1866-1875). Teoría de la propiedad, Librería de Victoriano Suárez (Obras póstumas de P.J. Proudhon), Madrid 1873, 258 págs. Traducción de Gabino Lizárraga.

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