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FCC Parques y Jardines de Zaragoza, reflexiones de una huelga indefinida

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El trabajo sindical es en nuestros días una tarea ardua, cuando va unido a una permanente denuncia pública se hace encomiable. La empresa no lo soporta fácilmente, por eso FCC Parques y Jardines de Zaragoza me responsabilizó de actuar de mala fe contra la misma, de dañar su imagen y de sacar documentación privilegiada de forma indiscriminada. Los hechos eran totalmente falsos, lo que era cierto era la inquina de la empresa, que llevó a FCC a decretar mi despido, el cese del máximo representante de la plantilla, el presidente del comité de empresa.

 Era el colofón a una cadena de actuaciones que comenzó con las continuas denuncias públicas sobre la política  ejercida por la empresa y el mal servicio que venía prestando y acabó derivando en la creación de la plataforma de trabajadores de contratas municipales, hecho pionero en el estado español. La plataforma era el espacio en el que  los y las trabajadoras de las distintas contratas del Ayuntamiento nos unimos para hacer frente a  los despidos y recortes en las mismas, así como para  defender  la municipalización y gestión directa de  los servicios públicos. Mi pertenencia activa y visible en dicha plataforma resultó ser, según mi parecer, decisiva de cara a mi despido que dio origen al estallido del conflicto. La empresa no soporta con facilidad el que los trabajadores se vayan organizando para hacerle frente, nos teme si somos capaces de unirnos, por eso trató de cortar ese trabajo dándole un escarmiento.

 El despido, entendido como “un golpe de estado patronal” por parte de la plantilla, generó la convocatoria de una huelga indefinida. Ésta se prolongó durante 24 días, convirtiéndose de este modo en la más larga en un servicio público en la ciudad de Zaragoza en los últimos 25 años. La huelga, máxima vía de presión obrera, era el espaldarazo de la plantilla a un año de trabajo colectivo, a muchos meses de denuncias públicas sobre la precariedad y la mala organización del servicio prestado, sobre todo era una contestación a las actitudes autoritarias y poco democráticas de la dirección de la empresa. Querían generar miedo y generaron rebeldía.

 EL VALOR DE LA UNIDAD DE LOS TRABAJADORES

Ya anteriormente había recibido notificaciones escritas y orales por parte de la dirección de la empresa en las que se me acusaba de los hechos descritos anteriormente. Entendiendo que existían posibles coacciones e injerencias en la libertad sindical interpuse una demanda contra la empresa que acabó siendo absuelta. No obstante, y así lo hacía constar el fallo del Juzgado de  lo Social, yo no era el autor de  los hechos que se me achacaban por parte de la empresa.

 La convocatoria de una huelga indefinida como reacción al despido solo fue posible por la unidad de la plantilla y del comité de empresa, que en todo momento aparcó siglas e intereses partidistas en beneficio del colectivo y la solidaridad. Todos cerraron filas frente a lo que se consideró un ataque directo a la libertad sindical.

 El hecho que se optara por una huelga de carácter indefinido hace al conflicto un acontecimiento inusual en una sociedad cada vez más individualizada y acobardada. Además,  que fuese la misma plantilla, reunida en asamblea la que apostara por esa medida lo convierte en un hito. La postura firme de  los y las trabajadoras al apostar por una huelga indefinida como respuesta a la conculcación de sus derechos y libertades,  y no por meras cuestiones económicas,  supone una lección a tener en cuenta.

 El comienzo de la huelga resultó duro: 70 trabajadores la secundaron, 67 fueron nombrados servicios mínimos, otros permanecían en baja y el resto de la plantilla, temporales y esquiroles, entraron a trabajar.

La decisión de los servicios mínimos, al tercer día de huelga, de compartir su salario con los trabajadores en huelga, supuso un giro de 180º en el conflicto. Esta decisión, tan poco usual en nuestros días, resultó decisiva para los huelguistas. La guerra de David contra Goliat había comenzado.

 Los inicios del conflicto estuvieron cargados de tensión y sentimientos encontrados, sin embargo, aunque las dudas y el miedo hicieron mella en determinadas ocasiones entre la plantilla y  el comité, no llevaron a posicionamientos contrarios a la huelga. El desarrollo de la huelga acabó por dibujar una dinámica organizada en grupos de trabajo: prensa, relación con grupos y colectivos varios,  reparto de propaganda… Tras 24 días de huelga la plantilla estableció su nivel de dignidad por encima del listón del miedo. Llevó a todos los rincones de la ciudad el mensaje que resumía la lucha: “aquí no hay miedo, aquí hay dignidad”. Era la otra cara de la moneda, la nota discordante en una sociedad basada en el gobierno del miedo. La plantilla se alzaba y levantaba la cabeza frente a las fuerzas que presionan por esclavizar a la clase trabajadora.

 Durante los 24 días que duró la huelga tuvieron lugar numerosos actos de protesta. Las movilizaciones diarias llegaron a muchos y diferentes rincones de la ciudad en forma de concentraciones diarias en las puertas de la empresa al inicio de la jornada, a las puertas del Consistorio, al despacho del mismo alcalde, a la sede del PSOE (entendiendo a éste como último responsable), a un mitin de Rubalcaba, a caceroladas permanentes y a manifestaciones. Algunos de estos actos llegarían a congregar a más de un millar de personas, simbolizando el apoyo creciente de la ciudadanía de Zaragoza, de sus grupos vecinales, sociales y sindicales para con los huelguistas. Numerosos y variados actos ponían de manifiesto una huelga muy activa en la que se intentó no caer en la rutina y un enorme esfuerzo y dedicación de los huelguistas. Las movilizaciones culminaron en una acampada indefinida  en un momento en que el conflicto parecía enquistarse y no parecía vislumbrarse luz alguna al final del túnel.

 LA EMPRESA Y LOS PODERES A SU SERVICIO

La empresa, una gran multinacional que vive de la gestión de servicios públicos, desplegó su poder, ejerció todo tipo de actuaciones, algunas de ellas propias de siglos pasados, tanto dentro como fuera de la empresa, desarrolló artimañas tendentes a la desestabilización de la unidad de la plantilla, a deslegitimar y focalizar el conflicto en mi persona  y en el sindicato CGT, con el único objetivo de que fracasara la huelga. Además, en muchas ocasiones trabajadores de la limpieza pública de la ciudad, gestionada también por FCC, nos transmitieron que se les ha indicado que deben quitar la inmensa propaganda de la huelga, así como borrar las pintadas con las que amanecía Zaragoza durante el conflicto.

 Durante todo el proceso se vivieron momentos de presión sobre los trabajadores y sobre el comité de huelga: la empresa abrió expedientes disciplinarios a todos los miembros del comité de huelga y despedió a otro trabajador, mientras que la policía denunciaba por presuntos actos vandálicos a un miembro del mismo y a personas ajenas a la empresa.

 Un  hecho significativo es el papel jugado por el Servicio de Arbitraje y Mediación de Aragón (SAMA). Este servicio, lugar donde se llevaron a cabo todas las negociaciones, puso de manifiesto que es un elemento viciado del sistema, que nada tiene que ver con la objetividad y la mediación justa y el papel arbitral que se le supone. Evidenció su inclinación hacia los grupos empresariales, su abandono de la clase trabajadora y su oposición al sindicalismo más combativo.

 La falta de imparcialidad de este organismo queda evidente en los lazos entre algunos trabajadores del mismo y las direcciones de las empresas, lazos que dificultan, cuando no hacen imposible, una mediación justa y equitativa, al hacerse partícipes de una única versión, la de la empresa. Esta actitud quedó patente en todas y cada una de las reuniones mantenidas, en las que los integrantes de la mediación daban por cierta la posición empresarial. Diferentes anécdotas durante y después de la huelga me demuestran que estábamos indefensos ante un sistema partidista y clasista. Se pudo  escuchar en diferentes ocasiones, tanto en las instalaciones como en otros lugares ajenos al conflicto, “no saber qué querían los jardineros”. Nunca se plantearon que se trataba de un caso de ataque frontal y directo contra la libertad sindical y de expresión, como así lo expresó la plantilla. Nuestro concepto de la dignidad queda grande y resulta incomprensible para semejantes eminencias del derecho.

 Otro asunto a tener en cuenta es la posición tomada por los gobernantes de la ciudad. Ya antes de la huelga quedó en evidencia: en una intervención mía en el Pleno del Ayuntamiento, una dura crítica vertida contra un Consejero del Ayuntamiento de Zaragoza sirvió  para mantener una posterior reunión. Al día siguiente el despido fue fulminante, evidenciando la complicidad entre el Ayuntamiento y la empresa.

 La plantilla a lo largo de la huelga transmite su malestar por el apoyo velado a las grandes empresas por parte de los responsables políticos de la ciudad de Zaragoza y por su silencio ante el ataque hacia los trabajadores de la contrata y hacia los ciudadanos, al ser copartícipes de la precariedad en el servicio prestado, consecuencia del expolio en beneficio de intereses empresariales.

 La denuncia de estos hechos incomodaban al equipo de gobierno de la ciudad, puesto que las reivindicaciones y los lazos creados con el tejido vecinal, social y sindical de Zaragoza caminaban hacia una alternativa en toda regla al sistema actual de privatizaciones y externalizaciones, basados en la dictadura de los mercados y en la defensa de los grandes magnates del poder, en detrimento de la ciudadanía.

 ENTRONQUE SINDICAL Y SOCIAL

Las reuniones con el tejido vecinal de la ciudad para abordar la cuestión relativa al deterioro de los parques, así como la creación de la plataforma de las contratas municipales fueron un antecedente ecisivo en el desarrollo del conflicto.

 Uno de los rasgos definitorios de la lucha fue el apoyo de colectivos sociales y vecinales de toda índole. Era el resultado del  trabajo realizado con anterioridad a la huelga. Infinidad de asociaciones de vecinos, colectivos sociales y sindicales, así como grupos políticos municipales habían sido receptores de nuestra labor de denuncia. El conglomerado de asociaciones y grupos mencionados resultaría de vital importancia en el transcurso de la huelga, suponiendo en algún caso apoyos sólidos en la lucha.

 Durante la huelga muchas fueron las organizaciones que mostraron su apoyo a la plantilla ante el conflicto abierto. Unas, de índole político, como los grupos municipales IU y CHA , otras, de índole vecinal y sindical. Entre estas últimas, cabría destacar el apoyo recibido a modo de comunicados y actos varios, así como el respaldo económico con sus aportaciones a la caja de resistencia, dejando a un lado la batalla de siglas y banderas. El apoyo sindical siempre provino más de los afiliados anónimos que de las direcciones burocráticas. Mención especial merece la comisión obrera del 15M, por el apoyo desinteresado, la solidaridad y su permanente respaldo a todos los actos de protesta desarrollados durante la huelga, muchos de ellos convocados por la misma.

 Muchas de estas organizaciones presionaron y lucharon por llevar las negociaciones a buen puerto. Sin embargo, en todo momento la decisión última recayó en la asamblea, quien establecía los límites y los principios incuestionables de la negociación.

 MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Un papel importante antes, durante y después de la huelga es el que jugó la prensa, tanto los medios convencionales locales como la prensa alternativa y la de las diferentes organizaciones.

 Todos los días hacíamos un comunicado de prensa, participábamos en tertulias de radio… y recibíamos permanentes muestras de apoyo de ciudadanos anónimos en cartas a los periódicos, llamadas a las emisoras, etc. Se trataba de un elemento clave para el devenir del conflicto, puesto que la empresa FCC entiende su  imagen en la ciudad como un valor esencial, por eso siempre apostamos por que los medios de comunicación se hicieran eco de nuestra lucha

Los medios convencionales respondieron ante el conflicto en función del desarrollo del mismo y de sus propios intereses. Cuando los huelguistas hacíamos hincapié y aumentábamos la  presión sobre FCC el Periódico de Aragón daba cobertura a la huelga todos los días, por contra, cuando se apostó por incrementar la presión sobre el Ayuntamiento y el grupo socialista gobernante, era el Heraldo de Aragón quien se hacía eco de nuestra lucha.

 En definitiva, serían los medios de comunicación alternativos y los de las organizaciones que respaldaban a los huelguistas quienes se volcaran a la hora de dar cobertura al conflicto y con queienes pudimos contar en todo momento.

 REFLEXIONES FINALES

Nuestra inexperiencia en un conflicto de semejante envergadura debería hacernos reflexionar, aprendiendo de los aciertos y de los errores para posibles futuros conflictos.

 Por un lado, siendo conscientes y estando enormemente agradecidos a los apoyo recibidos, a veces esos apoyos se convirtieron en presiones que generaron en ocasiones fisuras entre la plantilla. Es imprescindible mantener en todo momento el poder de decisión en la asamblea de trabajadores.

 La capacidad de decisión de los trabajadores debe prevalecer también siempre sobre el comité de huelga. En determinadas ocasiones éste mostró diferencias y dudas que no reflejaban el sentir de la asamblea, quedándose sin capacidad de movimiento durante el transcurso del conflicto. Es imprescindible que el comité de huelga acuda a las negociaciones con una sola voz, la encomendada por la asamblea, para dar muestra de firmeza y no ser reflejo de debilidad, lo cual  siempre será aprovechado por la empresa.

 La dirección de la empresa jugó muy bien su papel. Aprovechó al máximo en su propio beneficio cualquier indecisión entre los huelguistas. En las negociaciones la empresa siempre llevó acuerdos cerrados, nunca abiertos al diálogo y la negociación, lo cual debió ser denunciado con mayor contundencia por parte de un comité de huelga que en ocasiones tuvo escasos márgenes de maniobra. Somos los trabajadores y las trabajadoras quienes ante la convocatoria de una huelga debemos dirigir el conflicto y las negociaciones y no admitir permanentes requisitos para iniciar la negociación sin contrapartida alguna. Cualquier muestra de duda o debilidad por nuestra parte hace más fuerte a la empresa que endurece sus condiciones.

 Aunque ante la convocatoria de una huelga indefinida surgieron en parte de CGT dudas y miedos a un fracaso rotundo, el respaldo de la organización podría calificarse de formidable. Estuvo en todo momento a disposición de la plantilla, participando activamente durante los 24 días de huelga. Militantes, afiliados e instalaciones fueron aportados de modo desinteresado.

 Mención especial, sin que ello signifique el menosprecio de otras muchas personas que estuvieron a nuestro lado en todo momento, merece el Secretario de Organización de CGT ARAGÓN, Miguel Martínez. Durante las cuatro semanas de huelga estuvo de sol a sol a nuestro lado, apoyando, dando ánimos, aportando experiencia y sobre todo favoreciendo lazos de solidaridad entre la plantilla. Una sonada ovación al finalizar la huelga transmitía el agradecimiento de los trabajadores hacia su persona.

No debo olvidar tampoco la solidaridad mostrada por el conjunto de la CGT. La organización desde diferentes puntos convocaba concentraciones y movilizaciones, así como aportaba una cantidad económica importante a la caja de resistencia. La presencia de compañeros jardineros de Madrid en actos de protesta nos hacía partícipes de que no estábamos solos. Sin embargo, para la dirección de la empresa estas muestras de solidaridad agravaban el conflicto, puesto que al extender la solidaridad a otros lugares corría el riesgo de contagio. Así quedó patente en alguna  ocasión, cuando la empresa establecía como requisito imprescindible para negociar la desconvocatoria de concentraciones en todo el Estado.

 Cada muestra de apoyo suponía para los huelguistas una bocanada de aire fresco y un reforzamiento en nuestras posiciones. Todas ellas, sin duda alguna, nos convencían aún más de nuestra lucha por recuperar la dignidad perdida. Personalmente la solidaridad recibida de mis compañeros, de las diversas organizaciones vecinales, sociales y sindicales,  de mi entorno familiar, en especial de mi madre y hermana, me empujaron a seguir luchando y a reafirmarme en mis principios, entendiendo que la lucha merecía la pena porque así lo   dictaban sus justos fines.

 Tras 24 días de huelga el conflicto tocó a su fin, que fue vivido por la plantilla entre momentos emotivos. Abrazos y lágrimas reflejan sentimientos encontrados y horas compartidas. Habían sido 24 días de lucha donde se rescataron las mejores tradiciones del movimiento obrero: la asamblea como método de decisión y organización, la caja de resistencia o la solidaridad con otras luchas. Además el hecho de enfrentarnos a una multinacional demostró que no solo podemos luchar sino que también podemos ganar.

 En su lucha por la dignidad los trabajadores salen victoriosos. El triunfo queda reflejado, cuando trabajadores erguidos y orgullosos, con la cabeza alta, regresan a sus puestos de trabajo. Conscientes que la unidad, la solidaridad y la toma de decisiones compartidas desde la base  demuestran que es posible el éxito en la lucha obrera.

 Reflexiones, experiencias y un sinfín de vivencias reflejan aciertos y errores. Ante todo suponen un pistoletazo de salida ante los tiempos que nos esperan, ante los presentes y futuros ataques hacia los  derechos y garantías de la clase trabajadora. Los aciertos  no los debemos olvidar y, de los errores debemos aprender.

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