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¿Hay Alternativas al capitalismo? La renta Básica de las Iguales y mucho más

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Rosa Zafra, José Iglesias, Manolo S. Bayona, Enrique García y Joan Blasco

La crisis está acentuando la explotación de trabajadores y trabajadoras, la necesidad de capital del sistema hace que todas las medidas, leyes y reformas estén encaminadas a traspasar rentas del trabajo hacia el sistema financiero que devora recursos incansablemente, no se salvan ni los servicios y empresas públicas, ni las políticas sociales, un auténtico desastre que nos retrotrae a las condiciones que imperaban en los años de la transición.

Ante esta situación se hacen mas necesarias que nunca herramientas para que las personas construyan sus propios espacios de seguridad desde las que defender sus derechos, lugares de participación y debate desde los que crear un futuro centrado en la vida y no en la economía, procesos de apoyo y colaboración… Del mismo modo que CGT y su forma de practicar el sindicalismo, se constituyen en herramienta en manos de trabajadoras y trabajadores para defender sus derechos, la Rbis (Renta Básica de las Iguales) que plantea como un derecho la renta mínima de subsistencia para todas las personas sin condiciones, podría ser baluarte de las que menos tienen, un punto de partida desde el que construir una alternativa al capitalismo, verdadero causante de la desigualdad y la injusticia.

El potencial transformador de la propuesta de la RBis reside en su esencia anticapitalista y desde este punto de vista va mas allá que otros modelos como el salario social, meramente asistencialistas. Es necesaria una reflexión sobre el sentido del trabajo remunerado en un sistema capitalista y su carácter de autoexplotación, la necesidad de una producción planificada y centrada en el buen vivir de las personas, la preeminencia de lo local frente a lo global, la democracia directa frente a la representativa…. y creemos que la CGT debe participar en este debate e incorporarlo en su discurso si quiere mantenerse en la avanzadilla del cambio social.

Son las gentes de Baladre (Coordinación estatal contra la pobreza y la exclusión social ) quienes han abierto esta nueva brecha en el muro del capitalismo, y junto al Seminario de Economía Crítica Taifa han parido, difundido y discutido esta propuesta. A continuación recogemos un capítulo del último texto publicado por estos colectivos junto a la gente de Zambra, titulado ¿Qué es la Renta Básica de las iguales?

La colaboración de Baladre con CGT en varios territorios para la difusión de esta y otras ideas y herramientas supone una bocanada de aire fresco, otra forma de entender el trabajo conjunto, la posibilidad de debatir desde posiciones críticas con el sistema, el conocimiento de una realidad distinta dentro de los movimientos sociales, de otras sensibilidades… pero sobre todo, el establecimiento de complicidades entre personas que luchamos por un mundo mejor, cada día, desde nuestros espacios y a través del apoyo mutuo.

 La Rbis no es ninguna alternativa, sino un instrumento para un proceso de cambio[1]

 “En primer lugar, creo que hay que rechazar de plano la pretensión de que es necesario disponer de una alternativa antes de criticar múltiples aspectos de esta sociedad, o toda ella… Criticar algo ya supone en parte una alternativa, pues implica que se preferiría otra manera de hacer las cosas… Sobre todo cuando se está enormemente alejado del poder y se sabe que, fuese cual fuere la alternativa propuesta, no tiene ninguna posibilidad de ser llevada a cabo en el corto plazo. [Es decir], no olvidemos que el tema de las alternativas está muy relacionado con el poder del que se dispone para realizarlas”.[2]

Excelentes observaciones que hemos de tener en cuenta a la hora de abordar este tema, pero que, de todas formas, no deben suponer un obstáculo para introducir unas primeras reflexiones sobre la distinción entre alternativas (o utopías) y procesos de cambio; entre objetivos e instrumentos (o medios).[3]

No menos indispensable es dejar bien claro, cuando hablamos de alternativas, procesos e instrumentos, en dónde filosófica y políticamente nos situamos. Ayuda cuando dialogamos a evaluar el alcance de las mismas y de quién las propone. Para dar ejemplo, podemos pensar, con Lenin, “que la humanidad no se verá liberada de las calamidades que la azotan actualmente con los esfuerzos bien intencionados de algunas notables y nobles personalidades”;[4]por tanto, nos oponemos a aquellas iniciativas que únicamente tratan de paliar estos males o plagas. Tampoco estamos de acuerdo con las actividades caritativas que desempeñan miles de ONGs surgidas últimamente y que son financiadas por empresas, instituciones y gobiernos causantes de estos males. Emir Kusturica, conocido director de cine serbio, lo explica mejor: “en el nuevo orden capitalista, las guerras las financian las multinacionales, que pagan a los partidos y a los políticos para que las declaren. Quieren a las ONGs para lavar la sangre y las conciencias de los ciudadanos que votan a esos políticos que ordenan bombardeos. Las ONGs, financiadas por el capitalismo o sus gobiernos, recogen los heridos y son su coartada para ser políticamente correctos después de lanzar bombas sobre niños y adultos en nombre de la democracia. Esas multinacionales, y quienes les sirven para implantar el capitalismo global, acorralan a cualquier país que se atreva a tener una cultura propia, una identidad, un modo de organizarse diferente, una alternativa”.[5]

Insistimos, ni unos ni otros quieren tomar conciencia de que, con sus actividades, distraen a las clases empobrecidas de participar en la lucha contra el capitalismo. Y de que un proceso crítico no puede considerar la limosna, pública o privada, que practican estas instituciones, como un instrumento para la transición hacia cualquier utopía que pretenda ser una alternativa al modelo de sociedad capitalista. Es decir, ni son alternativas, ni forman parte de ningún proceso de trasformación social.

Las Rentas Básicas, ¿alternativas o instrumentos?

La propuesta de la RB nos puede servir de ejemplo de aplicación de las definiciones y los criterios introducidos para evaluar una propuesta social, ‘una alternativa’.

Según como se interprete, la RB presenta una doble dimensión: débil y fuerte. En los modelos que hemos tipificado como débiles, constituye un instrumento dentro del sistema; pero, adoptando una lectura antisistema[6] y el modelo fuerte o Renta básica de las iguales, puede convertirse en un instrumento fuerte para luchar eficazmente contra el capitalismo global. Este doble carácter permite que los mismos elementos que hacen de la RB un instrumento dentro del sistema, puedan cambiarla en un instrumento idóneo para luchar contra el sistema.

 Elementos que hacen de la RB un instrumento débil (dentro del) sistema.[7]

Es un mecanismo de redistribución de la renta. Este sistema contribuirá significativamente a redistribuir la renta más equitativamente, especialmente mejorando los ingresos de los estratos más pobres de la población, hoy frecuentemente alejados de los mecanismos de ayuda social. Aún teniendo en cuenta todas las dificultades existentes para abordar la penuria económica, la RB se enfrenta y va directamente contra la pobreza, siempre y cuando la cantidad que se establezca como RB sea igual a la considerada como umbral de pobreza.

Da seguridad económica. Este derecho a la renta, y la correspondiente cantidad que se asigne a la misma, supone un colchón económico que permite a la ciudadanía y a la clase trabajadora defenderse mejor de la contingencia de un despido libre y gratuito, de la arbitrariedad y la incertidumbre que la patronal ejerce a través de los contratos temporales, de una mayor capacidad para negociar individual y colectivamente niveles salariales, condiciones de trabajo, vacaciones, horarios, movilidad funcional y geográfica, flexibilidad, etc. Buena parte de la economía sumergida se integraría en la formal, al perder esta la posibilidad de pagar salarios por debajo del umbral de pobreza, al no tener que pagar las cotizaciones a la Seguridad Social, y al incrementar la inspección contra el fraude fiscal. Se convierte en un fondo de resistencia para la lucha de clases. A su vez, a los sindicatos les daría un mayor poder para enfrentarse a la patronal, especialmente cuando tuvieran que recurrir a la huelga, ya que la RB se convierte en estas situaciones de conflicto en un fondo de resistencia que puede utilizar cada trabajador contra el miedo al despido, al paro, a la pérdida de las remuneraciones salariales.

Permite iniciar otros modos de vida. La RB tiene como uno de sus aspectos positivos el que facilita oponerse frontalmente a todas las políticas de degradación de las condiciones de vida, del aumento de las diferencias que impone la globalización económica y las políticas de la Unión Europea. En este sentido, es liberador proponer una medida que nos saque del salario del miedo[8], en vez de aceptar las leyes de la Economía de Mercado con su aumento de la inseguridad y las diferencias sociales. Y no menos importante, la RB podría utilizarse como fondo de referencia desde donde comenzar otros ámbitos de autonomía individual y colectiva, ámbitos nuevos de consumo, en el sentido de vivir mejor con menos, de un consumo justo y solidario, de formas productivas colectivas dentro y al margen del mercado, etc.

Contribuye a luchar por la igualdad de género. Fomentar la igualdad de mujeres y hombres en el mercado de trabajo; el trabajo femenino podrá exigir que, a igual trabajo, igual salario; mano de obra masculina y femenina podrán negociar mejores salarios ante la proliferación de empleos de bajo coste. En el caso de las mujeres, éstas podrán enfrentarse a las relaciones patriarcales dentro de la familia en mejores condiciones económicas.[9]27

Contribuye a eliminar los estigmas sociales. El hecho de refundir todas las prestaciones sociales en la RB permitiría eliminar el estigma de paro y su correspondientes subsidios, el estigma de la pensión y sus correspondientes prestaciones sociales, el estigma de la pobreza y sus correspondientes limosnas (públicas y privadas), y el estigma de la marginación, ayudando a afrontar la problemática que tropiezan las personas que salen de la cárcel y no encuentran empleo por su pasado de delincuencia, o de las personas que padecen drogadicción y que han de apelar al robo para poder comprar el estupefaciente y atender la compulsión que provoca la adición; es decir, los grupos más maltratados de la sociedad contarán con un seguro económico a partir del cual podrán rehacer sus vidas.

Podemos subrayar que la RB se convierte ella misma en un pilar del nuevo sistema de bienestar para este nuevo milenio, nuevo en el sentido de que las prestaciones pasan a basarse en el concepto de ciudadanía y no en la condición de trabajadores de la población. Consideramos que este nuevo derecho ciudadano a una renta básica contiene las virtudes y las características suficientes que lo hacen idóneo para establecer los fundamentos de un nuevo modelo de bienestar social público para el siglo XXI (Iglesias; 2000).

La RB, incluso en sus fases de aplicación débil pero transitoria, siempre que no conlleve una contraprestación laboral, y seamos conscientes de que es una alternativa asistencial, puede facilitar la mejora y dignidad de la atención a ciertos colectivos. En estas condiciones, y con este grado de consciencia, esta característica ya justificaría el interés social por este nuevo derecho.

En resumen, como instrumento para defenderse del deterioro de las condiciones de vida que impone el capitalismo global, todas estas finalidades que persigue la RB suponen una contraofensiva idónea para contrarrestar las consecuencias de los tres primeros frentes abiertos por la globalización capitalista: contra el poder que ejerce en el mercado de trabajo, la persona puede vivir sin pasar por el mismo; contra el desamparo social y la pobreza económica, el bienestar material queda asegurado, así como las distintas prestaciones sociales; contra la pérdida de derechos, la RB es un derecho ciudadano que asegura los demás derechos sociales. De cara al sistema político, es un derecho ciudadano burgués más que se le ha de ganar al capitalismo. Pero también hemos de subrayar que la mayoría de ellas son alternativas débiles, que pueden ser fácilmente integradas dentro del sistema.

Recomendamos a quien nos lee que aplique este análisis a los instrumentos que hemos clasificado más arriba como débiles y que llegue a sus propias consideraciones: microcréditos, banca ética, comercio justo, programas de cooperación internacional, tasa Tobin, deuda externa, etc.

 Elementos que hacen de la RB un instrumento contra el sistema.

La rotura con la relación de clase como dominio para la sobrevivencia material. Ya hemos dicho que el origen del poder capitalista, del orden económico, social, político y jurídico, hay que buscarlo en el modo de producción e intercambio del sistema capitalista:

  • “La concepción materialista de la historia comienza con el principio de que la producción, y con la producción el intercambio de mercancías, es la base de cada orden social; allá donde hay intercambio de mercancías,[10] la sociedad está forzosamente dividida en clases, y determinada por lo que y como se produce e intercambia. Entonces, según este principio, las causas últimas de los cambios sociales y las revoluciones políticas, que originan nuevas relaciones de poder, hay que buscarlas no en la mente de las personas, en la eterna visión de la verdad y la justicia, sino en los cambios del modo de producción e intercambio hay que buscarlas no en la filosofía, sino en la economía del período que se estudia”.
  • “Las relaciones sociales nacen de la posición que las personas ocupan en el modo de producción. Con el desarrollo y la aparición de nuevas fuerzas productivas, las personas que trabajan también cambian, y con los cambios, asimismo se transforma el modo de producción, dando origen a un nuevo grupo de relaciones sociales”.[11]

No hemos de olvidar la centralidad del trabajo en el mundo capitalista contemporáneo. Es decir, una cosa es que “la sociedad del capital necesite menos del trabajo estable y cada vez más de las diversificadas formas de trabajo parcial o part-time, ‘tercerizado’, que son, en escala creciente, parte constitutiva del proceso de producción capitalista”. […] La “otra, muy diferente, es imaginar que, eliminando el trabajo vivo, el capital puede continuar reproduciéndose”. [12] Por tanto, en el período de la globalización capitalista, el mero hecho de poder eludir la obligación de vender la fuerza de trabajo para intercambiarla por las mercancías necesarias para sobrevivir es comenzar por darle a la clase dominante un puntapié en el trasero, una patada a la base de su sistema de explotación y de intercambio. El impacto de la RB en el mercado de trabajo puede alterar radicalmente las relaciones sociales de producción ya que permite a la población sobrevivir sin estar tan sometida al dominio del sistema productivo. Este es el sentido clave de la capacidad transformadora de la RB.

A la vez permite iniciar procesos de producción, mediante actividades personales y colectivas al margen de su sistema productivista y consumista. Todo esto facilita también construir un nuevo sistema de relaciones sociales, un sistema que vaya estableciendo las bases y la experiencia tan indispensable para diseñar sobre la realidad nuevos ámbitos de autonomía, vivencias independientes del sistema, esa sociedad utópica alternativa por la cual luchamos. A través de estas sucesivas transformaciones, quizás nos encontremos con el conocimiento suficiente como para elaborar esos planes globales que algunos reclaman.

Todo esto nos permite comprender que la RB, para su financiación, puede partir de la doble premisa: de que los procesos de trabajo tienen un carácter global, y de que la producción de valor es social, no individual. No sólo produce valor una persona directamente ocupada durante su jornada laboral, sino que toda la producción es sistémica: la aplicación del conocimiento, por indirecta que parezca, está contribuyendo también a la generación de riqueza. Y la educación, salud, infraestructuras, tecnología, todos son elementos que contribuyen al proceso productivo.[13]31 Asimismo, otros aspectos impulsan el ciclo del capital: desde el consumismo inducido por la publicidad, considerado normal, inevitable e incluso deseable por el sistema; pasando por el paro que infunde miedo a las personas con empleo facilitando la reducción de costes y el aumento del beneficio, y otros aspectos de índole colectiva; hasta la mejora de beneficios obtenida en detrimento de las condiciones de vida de las personas a todos los niveles. Incluso el inmenso gasto en mantener los aparatos políticos y militares que administran este orden y garantizan su continuidad. Por ello, en el capitalismo globalizado, los aumentos de riqueza no se deben redistribuir solamente mejorando los salarios y las condiciones laborales; es decir, reduciendo la jornada de trabajo o garantizando el pleno empleo. Si la producción de valor es social, la idea de un modelo fuerte de RB va más allá de los avatares del trabajo de cada individuo y es perfectamente posible. Su contenido permite neutralizar y contestar buena parte de las medidas tomadas contra quienes tienen empleo en particular, y contra todas las personas en general.

 Además de que el objetivo prioritario de la RBis es la consecución de caminar hacia una sociedad justa, la RB supondría un incremento de la libertad real de las personas en el período de transición. En este sentido, tal y como señala P. Van Parijs, la persona “es realmente libre en oposición precisamente a ser formalmente libre, en la medida en que se poseen los medios, no sólo el derecho para hacer cualquier cosa que uno pudiera querer hacer”.[14]  La RB asegura a las personas un mínimo de subsistencia que les permite elegir su forma de vida. Por tanto, constituye un avance de gran magnitud en el proceso hacia una sociedad más justa y equilibrada, dado que asegura la base material para poder disfrutar de todos los demás derechos humanos.[15]

Con todas estas observaciones, es difícil exagerar la importancia que pudiera tener una Renta básica de las iguales como el que propugnamos a favor de la creación de una genuina sociedad del bienestar para toda la población.


 

[1]             Del libro ‘QUÉ ES LA RENTA BÁSICA DE LAS IGUALES’ Autoría: José Iglesias Fernández, Manuel S. Bayona, Óscar García Jurado

Enrique García Escamilla, Rosa Zafra Lizcano. Editan: Baladre y Zambra.

[2]             Miren Etxezarreta. “A vueltas con las alternativas”. Artículo incluido en este número 2 de Emergències.

[3]             Por ejemplo, hay quien piensa que la ciencia y la tecnología son instrumentos indispensables, no sólo para conocer la evolución de las sociedades, sino también como motores para influir en el cambio social. Véase Xavier Duran. Las encrucijadas de la utopía. Editorial Labor. Barcelona 1993.

[4]             VI. Lenin. Federico Engels. Marxist Internet Archive, 2000.

[5]             La Vanguardia. 20 enero del 2005.

[6]             Actualmente, existen dos lecturas sobre la RB: una convencional y otra crítica o anticapitalista. Para una explicación de ambas, véase José Iglesias Fernández, La Renda Bàsica a Catalunya. Fundació Jaume Bofill / Mediterrània. Barcelona 2002.

[7]        La RB puede ser considerada un instrumento múltiple ya que aborda diversas propuestas sociales, todas ellas consideradas a su vez como reivindicaciones dentro del sistema.

[8]        Miedo en el sentido de la dependencia de un ingreso, sea este el salario, la prestación de desempleo, el subsidio familiar, la renta mínima de inserción, contingencia a la que todas las personas no propietarias estamos sujetas.

[9]        Javier Aguado. “La Renta Básica y el sistema patriarcal”. Cuadernos renta básica. Nº 4. Barcelona 2002.

[10]     Venta de la fuerza de trabajo a los capitalistas, y compra a los capitalistas de los bienes y servicios que cubren nuestras necesidades.

[11]     Estas dos citas son de Karl Marx. Capital y tecnología: manuscritos inéditos (1861-1863). Terra Nova. México 1980.

[12]     Ricardo Antunes. ¿Adiós al trabajo? Ediciones Herramienta. Buenos Aires 2003.

[13]     Francisco José Martínez. “Fundamentos de la renta básica. Hacia un nuevo contrato social”. Cuadernos renta básica. Nº 0. Barcelona, noviembre de 1998.

[14]     Philippe Van Parijs. Libertad real para todos. Paidós. Madrid 1996.

[15]     Véase “La RB y los derechos humanos” (Iglesias, 2001).

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