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Portugal, 2013 – Un país al borde del colapso

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Ana Mendes ( Profesora del Instituto Politécnico de Leiria, Portugal)

 

Si hace 13 años alguien me hubiera dicho que hoy estaría en la calle, tantas veces cuantas fuera  necesario, gritando “el pueblo unido jamás será vencido” hubiera dicho que estaba loco… Eso estaría al nivel de las predicciones del fin del mundo. ¿Yo en la calle? ¿Yo de manifestación? ¿Quién? ¿Yo? Ni pensar.

La verdad es que los años pasan, la vida cambia y maduramos, aunque siguiendo un determinado trayecto. Sé que no puedo añadir mucho a lo que quiero escribir sobre “la situación política y social en Portugal al borde de un predecible y horrible 2013” pero no puedo dejar de decir quién soy y como me sitúo al escribir este texto. Soy una portuguesa, muy semejante a la mayoría de mi generación. Hija de padres que podrían decirse de clase media, me fue permitido estudiar y con la ventaja añadida de que en casa mis padres tenían libros. Estudié siempre en escuelas públicas (muy buenas, dígase), viví en contacto con personas (amigos) cuyos padres tenían medios similares a los míos. Compré muchas veces ropa en rastros y ahorré para tener mis primeros pantalones de marca, que eran el sueño de todo adolescente en Portugal a finales de los años ochenta y que mis padres se negaban a pagar por considerar que su precio era exorbitante para unos pantalones.

Hoy trabajo como profesora en una institución de enseñanza superior en Portugal, con compañeros que como yo provienen de los más variadísimos orígenes y que, por ahora, todavía les siguen permitiendo tener un trabajo y hacer lo que les gusta. Y cuyo acceso a la profesión se hizo solo por mérito personal.

Cuando pienso en las oportunidades que he tenido y veo el futuro de los jóvenes a quienes enseño todos los días me siento fatal… Me siento como una hipócrita presumida cuando les pido que se esfuercen porque ese esfuerzo será premiado… Muchas veces me pregunto por qué les digo tamaña tontería. Porque aquí, en esto que se ha reducido a un “no país”, resultado de una crisis que nadie entiende, su esfuerzo jamás será recompensado

Lo único que me tranquiliza es saber que el conocimiento que mis estudiantes adquieren es para toda la vida: aquí o en otro lugar. Y eso nadie se lo puede quitar.

Sí, porque según el Primer Ministro de este “no país” lo que tienen que hacer es emigrar, ahora que hemos solucionado uno de nuestros problemas de siempre (fruto de la dictadura Salazarista) que consistía en no tener mano de obra calificada. Ahora, sin embargo, que tenemos la generación mejor preparada de siempre, la solución para este país es que estos chicos emigren… Así pues, con una crisis que nadie entiende y un país al borde del colapso, lo que tendremos para Portugal en 2013 es… emigrar.

No voy a hablar de la crisis, ni sobre las razones de la misma. Para ello contamos con los doctos señores economistas que estos días se pasan la vida escribiendo artículos de opinión, o de la especialidad, y que nadie sabe por dónde caminaron los últimos años, contribuyendo sin duda para esta crisis mientras nosotros, portugueses normales y mortales, vivíamos, según ellos, por encima de nuestras posibilidades con un sueldo mínimo de 485 euros y con nivel de  vida igual que en España. Confieso que hay veces, cuando leo y oigo algunos de esos especialistas me apetece matar a dos o tres. ¡Malditos engreídos!

Quiero hablar del estado social y político de mi país según la perspectiva de una persona común y, así, no hay otra forma de empezar que no sea hablando sobre el estado político que se vive en Portugal en estos momentos. Si alguien me pidiera un resumen sobre este tema, simplemente diría: una broma de muy mal gusto!

LA CLASE POLÍTICA

Tenemos el peor gobierno desde el 25 de Abril, es más, se podría decir que no tenemos gobierno. Contamos con un grupo de jóvenes mal preparados, que provienen de las juventudes de sus partidos y con licenciaturas dudosas, encabezando el gobierno, y una troika para imponer políticas de austeridad a la que el gobierno actual permite, sin dudar, que hiera la soberanía del país. No tengo ninguna duda de que este gobierno pasará a la historia de Portugal como el peor gobierno de todos.

Tenemos un inexistente Presidente de la República que sólo parece preocupado por si pone o no la vaca y el burro en el belén para no mosquear al Santo Padre y que se entretiene estos días comiendo el roscón de reyes.

Tenemos una oposición débil y que difícilmente se sabrá organizar.

Tenemos una población que dejó de creer en la clase política y en la justicia, porque no funcionan.

Tenemos constantes atentados a la Constitución portuguesa y, al  mismo tiempo, las decisiones del tribunal constitucional son anecdóticas. Un ejemplo ilustrativo: En el año de 2012 se privó a los funcionarios públicos del derecho a recibir las pagas extra de verano y de Navidad. El tribunal constitucional declaró la decisión inconstitucional, sin embargo considera que la no constitucionalidad no se aplica al año 2012…

Y, para empeorar el estado de las cosas, tenemos el país en venta, a precios de rebajas. Todo lo que es público está en venta o está para ser concesionado a grupos económicos cuya credibilidad es más que dudosa .

Para encuadrar, decir que son cinco los partidos políticos principales de Portugal, más un amplio conjunto de pequeños partidos que nunca tendrán la menor oportunidad de participar en nuestro más alto órgano de soberanía: la Asamblea de la República o Parlamento, no importa lo interesante que sean sus programas de gobierno (que nadie lee) y con los cuales, en algunos casos, podrían estar de acuerdo.

De estos cinco partidos que tienen escaños en la Asamblea de la República, dos partidos son de izquierda: PCP y el Bloco de Esquerda, pero la población portuguesa cree que nunca podrían llegar a gobernar. En primer lugar porque entre ellos no se entienden, perdiéndose muchas veces en retóricas, y en segundo lugar como resultado de las antipatías naturales de no sé cuántos años de  dictadura de derecha. Es decir, los comunistas siempre serán comunistas con todas las connotaciones atribuidas al comunismo, y los del Bloco de Esquerda siempre serán connotados como pseudo intelectuales, comúnmente denominados “izquierda caviar”. En el lado opuesto de la línea a que llamamos “O centrão”, constituida por los partidos PS (partido socialista) y PPD / PSD  (partido social demócrata- derecha liberal) tenemos el CDS/PP (derecha conservadora y religiosa) que recoge la simpatía de los más ancianos, de algunos moralistas y de algunos jóvenes indecisos que tanto les votarían en ellos como al Bloco de Esquerda, dependiendo del aire que corra en el momento.. Actualmente el CDS/PP ayuda (o no) el PPD/PSD a formar el actual gobierno.

Y cuando empezamos a hablar de “O centrão” es donde la trama se complica. PS y el PSD han gobernado el país alternadamente en los últimos 30 años. Estos son los partidos a los que el pueblo portugués asigna todas las responsabilidades. Durante 30 años, la población portuguesa se limitó a considerar que vivir en democracia se resumía a quitar del gobierno los que no les gustaban para poner en el gobierno a otros que eventualmente les podrían llegar a gustar.

Resultado de esta crisis financiera mundial, europea y ahora también portuguesa, por la primera vez en Portugal se ha empezado a discutir seriamente qué es la democracia. Creo que eso es lo único bueno que resulta de la locura que se vive actualmente en este país.

Desde el señor del bar a los comentaristas de los medios, se discute qué es democracia, se habla sobre la clase política, se habla de política, se respira política y por la primera vez en muchos años, se leen y se discuten los presupuestos del Estado y se comparan con el programa gubernamental.

Con esta crisis se llega también a la percepción general de que la clase política es poco seria. Se multiplican en los periódicos escándalos que involucran a miembros de ambas partes del “centrão”. Y la desafección es total. Lo que en mi opinión es natural: los dos partidos del “centrão” están, en este momento, dirigidos por las dos caras de la misma moneda, dos jóvenes políticos cuya principal tarea en los últimos años consistió en agitar banderas en los mítines y campañas y cuyas ocupaciones (profesión) conocidas son, en un caso, años en asesoría de empresas de amigos que están asociadas a negocios dudosos y poco transparentes, y en otro, una vida de cargo tras cargo político.

Con estas afirmaciones no quiero decir que todos pueden ser mezclados en la misma bolsa, pero la verdad es que estas personas hacen que parezca que todos nuestros políticos están muy lejos de lo que deberían ser.

Se suma a esta idoneidad del gobierno (coalición CDS / PP y PSD) que los escándalos se multiplican. Los desacuerdos entre las partes que se han hecho públicos son más que muchos. Es de conocimiento público que el mismo señor Primer Ministro es un producto político de su actual súper-ministro Miguel Relvas, que está implicado en varios casos de corrupción por el que debería haber sido sustituido hace mucho tiempo. Éste, junto con otros miembros del actual gobierno, no logra siquiera aparecer en público sin ser abucheado. Para enterarse mínimamente de lo que estamos hablando basta leer la página inglesa de Wikipedia sobre el ministro Miguel Relvas: así se consigue tener una pequeña idea de la magnitud del desgobierno que pesa en Portugal cuando empieza el 2013.

Y si se preguntan por qué no interviene el Presidente de la República, la respuesta es sencilla: vive deliberadamente ajeno a todo, instalado en una especie de burbuja que el mismo creó porque, directa o indirectamente (a través de sus amigos y partidarios), está tan involucrado como los demás elementos de su partido PPD / PSD en todo lo que fue, y es, poco transparente en Portugal. No es más que una figura ornamental en el “reino” de Portugal.

Su intervención política se reduce a una media docena de palabras comunes generalmente transmitidas a través de su página en Facebook. Y así estamos, en lo que modestamente llamaría estado de surrealismo. Si no fuera tan malo sería para soltar carcajadas.

La sensación que tengo es que estamos viviendo en Portugal una broma de mal gusto y que no nos es permitido salir de ella. Asistimos, como en un palco, a la destrucción de este país y muy poca gente hace algo.

Y como si la anécdota política que se vive en este país no fuera suficiente, a todo esto se suma la falta de estrategia de este “no gobierno” que nos lleva directamente a reflexionar cómo vivimos hoy y como se vivirá mucho peor en 2013.

UNA REALIDD DEPRIMENTE

Abrir, leer o mirar un periódico en Portugal deprime a cualquiera. Estar en una cola de la caja de un supermercado y ver a la gente eliminar parte de la compra  porque el dinero no es suficiente te hace querer  llorar. Más, si ves que tienen hijos con ellos y son las galletas de los niños lo que se  ponen a un lado. Estar  de pie detrás de alguien en un cajero automático y ver los muchos intentos que hacen con la esperanza de que milagrosamente, entre reducciones del valor y consultas al extracto bancario, aparezca el dinero, nos deja mortificados.

Y si quién me lee piensa que estoy hablando de personas que ganan el salario mínimo se equivoca. No estoy solo escribiendo sobre personas que ganan el salario mínimo (485 euros) estoy hablando de personas que ganaban un salario mucho más alto que el salario mínimo y que han perdido sus empleos, estoy hablando de personas que ganan un poco más que el salario mínimo y, más aún, estoy hablando de personas cuyo salario es considerado un buen salario en Portugal (aproximadamente entre 1500 a 1800 euros).

Todas estas personas, cada una al nivel de sus posibilidades en las últimas dos décadas, han asumido un conjunto de compromisos financieros, la mayoría de las veces alentados por los gobiernos anteriores y por las políticas financieras europeas de tal modo que compraron casa, decidieron tener hijos o quisieron hacer un conjunto de otras cosas que hasta poco eran consideradas derechos legítimos en una Europa que hasta ahora se decía solidaria.

Al revés de lo que piensan muchos de la Europa del norte, o incluso del sur, en Portugal siempre se pagó para tener acceso a la asistencia médica o la educación, tanto  indirectamente, a través de los impuestos, o  directamente, a través de tarifas de usuarios. Sin embargo, los precios de acceso directo están empezando a ser insoportables. Actualmente en Portugal se paga para ir a una emergencia de un hospital público entre 20 y 25 euros. Los precios de la energía son cada vez más elevados como resultado de la llamada liberalización del mercado que permitió la privatización de estas compañías a manos privadas que ahora poseen el monopolio energético.

Resultados de esta obra maestra, cuya responsabilidad es de este y los anteriores gobiernos, y una Europa que es todo menos solidaria, Portugal es más pobre. Sin embargo, el coste de vida en Portugal es cada vez más alto. Vivimos una pobreza avergonzada, y si todavía mantenemos un aire jovial, alegre y hospitalario se lo debemos al sol del sur de Europa, que nos va reconfortando estos días, pero entramos en 2013 con mucha aprensión y miedo.

Independientemente de creer que teníamos, y debíamos, haber sabido reflexionar antes y organizarnos mejor, sigo creyendo que lo que le faltó a la ecuación estaba, tal vez, en no haberse sabido situar. El error de Portugal hace dos años fue pensar que no era Grecia como tal vez el error de España ahora es pensar que no es Portugal. Es que, amigos y amigas, somos todos griegos porque todos somos Europeos.

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