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Reseña de “Ilusionistas” de Noam Chomsky. Ediciones Irreverentes, 2012

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José Miguel Fernández

La producción editorial de Noam Chomsky se halla bastante dispersa entre pequeñas editoriales, así que suele ser difícil seguir la pista cronológica a sus últimos trabajos. En cualquier caso este Ilusionistas de Ediciones Irreverentes publicado en septiembre de 2012 recopila 4 conferencias del Chomsky pronunciadas entre 2010 y 2012 y coincide en las librerías con otros textos como Ocupar Wall Street publicados el pasado año.

Este pequeño libro de 110 páginas despierta la atención desde las mismas citas-prefacio que suelen encontrarse al inicio de cualquier libro. Qué pensaríamos si leyéramos frases como La democracia son dos lobos y un cordero votando sobre qué se va a comer. La libertad es un cordero bien armado, cuestionando cómo se vota. O Mi país es el mundo y mi religión es hacer el bien. O Las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que los ejércitos. La idea de gastar dinero para ser pagados por la posteridad, bajo el nombre de financiación, no es más que una estafa a gran escala. Sin duda las atribuiríamos algún pensador irreverente. Pero si descubrimos que pertenecen a Benjamín Franklin, Thomas Paine y Thomas Jefferson, padres fundadores de los EE.UU. nos dan pie a la reflexión sobre cómo comienzan las cosas y en qué terminan por convertirse. No son las únicas sentencias interesantes que pronunciaron. En el libro podemos leer más.

Pero vayamos al grano y a las ideas de Chomsky, el autor vivo más citado del mundo según el Institute for Scientific Information. Y aquí entramos en otro elemento de reflexión. Cómo puede ser que el pensador más citado del mundo sea un anarquista declarado y confeso y el peso de esta ideología en las agendas políticas del planeta sea prácticamente nulo. Quizás porque como el mismo Chomsky explica el mundo no está configurado para pensar con racionalidad, si no para defender los intereses de unos pocos muy privilegiados. Por lo cual el análisis sereno y las soluciones racionales de los problemas no sólo no son necesarias, sino que son contraproducentes para los intereses creados.

Porque si algo, a mi entender, caracteriza el pensamiento y sobre todo el análisis de Chomsky es el sentido común. Sólo que como dice el viejo adagio este, en realidad, es el menos común de los sentidos. El propio Chomsky dice que el poder fomenta una democracia basada en votantes desinformados que toman decisiones irracionales. Y no sin humor explica que esto es algo tan obvio que debiera enseñarse en la escuela primaria, de ahí que avergüence expresarlo ante un público universitario.

El libro se centra en 3 aspectos básicos que son:

1º) La denuncia del papel imperialista de EE.UU. Los análisis que Chomsky realiza sobre la situación de Palestina, el papel de Israel, o de los propios EE.UU. como poder imperial no pueden sorprender a los lectores de estas líneas, pero tienen el valor de ser expresados por alguien que por hacerlo es considerado por muchos en los EE.UU. un traidor a su propio país. Desde luego no debe gustar mucho al stablishment de los USA que Chomsky recuerde que los EE.UU declararon en 1988 al CNA de Mandela uno de los grupos terroristas más notables, o que la política exterior de los EE.UU en América Latina es una plaga de represión sin parangón desde los tiempos de los conquistadores. O que para estabilizar un país, conforme al canon occidental, primero hay que desestabilizarlo.

2º) El papel de las grandes corporaciones en el control del Estado en defensa de sus intereses particulares. Como la economía financiera, o hacer dinero a través de las manipulaciones financieras, se ha impuesto a la economía productiva y su consecuencia es la deslocalización laboral, lo que conlleva una concentración de la riqueza en pocas manos y a la par una concentración del poder político obsesionado ahora por modificar el pacto fiscal y redistribuir la riqueza hacia arriba y no hacia abajo.

No por conocido es menos interesante la noción de desfinanciación de los servicios públicos para facilitar la política de privatizaciones o resaltar como se pone el grito en el cielo por el gasto social dedicado a los menos beneficiados, pero se aplauden las ayudas públicas a macroempresas privadas.

Abusando de la confianza del editor me gustaría reseñar literalmente unos párrafos de lo expresado por Chomsky: La concentración radical de la riqueza en el uno por ciento de la población nos llevó a la concentración del poder político, y, por lo tanto, a políticas estatales para aumentar aún más la concentración de la riqueza: políticas fiscales, reglas de gobierno corporativo y desregulación. (…) Mientras tanto, los costos de las campañas electorales se dispararon, conduciendo a los partidos políticos directamente a los bolsillos de los más ricos y poderosos, sobre todo aquellos del sector financiero. (…) Las elecciones se han convertido en una farsa, dirigida por la industria de las relaciones públicas.

Mientras la riqueza y el poder se han ido concentrando cada vez más, los ingresos reales de los trabajadores prácticamente se han estancado. (…) La propaganda debe tratar de culpar a otros de la crisis y en los últimos tiempos esos otros han sido los trabajadores del sector público, sus salarios, sus pensiones exorbitantes, etc. (…) Los maestros y profesores son un objetivo particularmente atractivo, como parte del esfuerzo deliberado de destruir el sistema público de educación, desde preescolar hasta las universidades, mediante la privatización. Otro objetivo recurrente, siempre, son los inmigrantes.

¿No nos suena de nada? ¿No parece  una descripción bastante diáfana de lo que estamos viviendo? Pues es un análisis de lo que viene sucediendo en los EE.UU. desde finales de los 70. ¿Alguien creía que no está todo previamente planificado? Obviamente de la sanidad no habla, porque como el propio Chomsky recuerda en otro pasaje, EE.UU. es probablemente el único país desarrollado sin un sistema sanitario mínimamente sensato. Así nos quieren…

 3º) El destino de la especie. Cada vez más, Chomsky se muestra preocupado por el colapso ecológico y por la perseverancia del sistema por negar lo obvio, el calentamiento global y sus terribles consecuencias. Cómo no calificar el sistema político de farsa y de circo si uno de los representantes políticos comisionado en la Comisión encargada de estudiar la situación del calentamiento global se despacha con reflexiones tan racionales como negar tal posibilidad porque Dios prometió a Noé que no habría otro diluvio, concretamente John Shimkus representante republicano por Illinois.

Lo triste es que como el autor reflexiona el Estado con fondos públicos puede rescatar a los grandes conglomerados capitalistas. Pero nadie podrá rescatar al Medio Ambiente si colapsa.

En definitiva el futuro de la humanidad y quizás de la propia tierra se encuentra atrapado entre la racionalidad cortoplacista de mantener un sistema irracional, curioso juego de palabras para denunciar la insensatez más absoluta.

Y así durante todas y cada una de las líneas de estas ciento y poco paginas. Reflexiones serias, serenas, sensatas, acompañadas a cada paso de ejemplos, datos, contextualizaciones, comparaciones que hacen de la lectura de este libro un proceso paralelo de disfrute y autoaprendizaje. Reseñarlos todos es prácticamente imposible, pero reconforta saber que existen personas como él, o los fallecidos Howard Zinn, también libertario; o Edward Said a los que Chomsky recuerda en estas páginas porque dedicaron su tiempo a denunciar y proponer alternativas.

¿Y así hasta cuándo? Pues hasta que un movimiento popular con cierta fuerza exija el desmantelamiento de una compleja estructura sociológica, cultural, económica e ideológica que nos está conduciendo al desastre. No es una tarea fácil, pero es algo que hay que hacer de una vez por todas antes de que sea demasiado tarde.

Y en el próximo capítulo las opiniones de Chomsky sobre el anarquismo.

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