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Editorial nº 75

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Llevamos 25 años y 75 números de Libre Pensamiento. No es poco e indica algún grado de solidez y de continuidad, no solo de LP sino también de la organización que lo impulsa. También indica otras cosas.

Desde su voluntad inicial, al margen de aciertos y desaciertos, siempre LP se ha mantenido como revista amplia en las temáticas y abierta en los enfoques, muy alejada del servir de portavoz ni de instrumento de propaganda. Viene siendo un intento de abrir caminos  de intervención y líneas de pensamiento, de aportar aciertos y de afrontar carencias con una visión no internista, sabiéndonos siempre parte y solo parte. Ese enfoque generosamente abierto y desprendido ha sido posible porque nunca ha habido desde ninguna de las instancias de la organización la indicación más leve en la dirección contraria. Refleja una forma de entender nuestro quehacer y nuestro papel en la sociedad: sin exclusividades, sin verdades acabadas, sin cortas miradas internistas, sin cortoplacismos, priorizando siempre la realidad social y sindical, que no es nuestra y que tenemos que construir con (y contra) otros agentes que trabajan en nuestros mismos campos. Nuestra razón de ser estriba en nuestra aportación a los cambios sociales que seamos capaces de impulsar y la mejor imagen que podemos alcanzar será esa aportación, no los intentos de apropiación. En una sociedad inundada por la propaganda y con una información absolutamente entrelazada con ella, invadida por el ruido, no nos haremos oír elevando más la voz, así solo aumentaríamos el ruidos. Necesitamos otros métodos que nos saquen de la falsedad imperante y estos pasan porque los hechos y las presencias, y las formas y los contenidos de hacer y de estar sean las que hablen y precedan siempre al decir. Libre Pensamiento es económicamente cara por lo que, sin duda, resulta costosa para la organización, lo que hace más encomiable la apuesta por una revista de este tipo y su mantenimiento durante estos 25 años. Empalma esa apuesta con lo mejor del obrerismo inicial: el afán por los conocimientos y la cultura. El sindicalismo y la lucha obrera nacen del rechazo a lo existente, pero rápidamente dan el paso a la aspiración; su éxito no puede estar solo basado en la capacidad para imponerse, en su capacidad de lucha; de nada serviría ésta si no fuera acompañada de una superioridad, ¿moral?, ¿intelectual?, pero en todo caso personal. La lucha (el rechazo) contra lo existente y la aspiración a una sociedad nueva son dos retos exigentes que requieren, entre otras cosas, de la apropiación de los saberes y de la cultura en cuanto sustrato de esos saberes, capaz de darles un orden de prioridad. Exige también no quedarse con lo dado, recoger todo reinventándolo, plasmándolo en personalidad y vida, sin que se quede en algo externo. Esa aspiración a una sociedad nueva tiene como referencia de rechazo la sociedad que se padece y de ese rechazo surgen unas orientaciones que la prefiguren, pero que son mínimas: la aspiración se presenta inicialmente como algo no prefijado sino como expansiva apertura de posibilidades. Cierto que con el tiempo adopta unos esquemas y concreciones determinadas, pero nunca pierde ese carácter de búsqueda y abierta. Nuestra apuesta colectiva por una revista  como Libre Pensamiento se corresponde con la exigencia en el terreno de la apropiación de la cultura de esa aspiración a una sociedad nueva. Mantener esas aspiraciones en nuestras decisiones colectivas es sustancial y forma parte de lo mejor de nosotros mismos.Seguramente el aspecto menos positivo de Libre Pensamiento, al margen de los muchísimos errores en su realización,  venga dado por la sospecha que a todas las personas que la elaboramos se nos presenta sobre el uso que se da a la revista y la utilidad que tiene, lo cual también sería indicativo de una suerte de escasa ligazón entre lo colectivo y lo personal. Colectivamente, tanto la organización CGT como el equipo editorial, optamos por el esfuerzo común de mantener LP; es más dudoso que ese esfuerzo que colectivamente decidimos asumir sea correspondido por el esfuerzo personal de leerla y utilizarla, en primer lugar, y de mejorarla y difundirla en segundo. Esa falta de ligazón entre lo colectivo y lo personal seguramente no es exclusiva  de esta revista, aunque en ella se vea agrandada, sino que salpica a otras muchas actividades y empresas que colectivamente nos proponemos. No escapamos a la individualización, al vivir invadidos y atrapados por la multitud de reclamos externos, a la preeminencia de “la vida particular”, al ser por partes y a trozos y a la falta de centralidad que promueve nuestra sociedad de consumo. La oferta incesante de opciones y posibilidades, algunas de ellas totalmente banales pero otras muchas enriquecedoras en diverso grado, todo ello muy teledirigido y utilizado, acaban por convertir la diversidad y riqueza en dispersión y fuente de trivialización. Cuando todo vale, nada vale, porque el valor pierde significado.Es lógico que en LP el handicap de la no ligazón sea más manifiesto. Si algún terreno ha sido deteriorado en nuestras sociedades democráticas ese ha sido el de la cultura. Aquí sí que la oferta nos ha reducido a receptores pasivos, cabiendo en ella todo, acaba siendo nada, y la necesidad de llagada a “todo el mundo” termina abocándola a la banalización y el entretenimiento, absolutamente contrarios a la exigencia de una recepción activa que es necesaria para lograr que la cultura sea algo valioso que nos enriquezca personalmente. Y sin embargo LP se mantiene como una revista que nada tiene que ver con la distracción y el entretenimiento. Su lectura es asequible pero requiere un esfuerzo de atención y concentración y no parece conveniente un viraje facilitador que lo ahorrase. . De una parte porque difícilmente podría conseguirse sin merma de los contenidos (aunque algo pudiera avanzarse en esa dirección) y de otra, porque todo proceso personal de enriquecimiento y aprendizaje exige esfuerzo, siendo la satisfacción del logro obtenido directamente proporcional al esfuerzo personal empleado en el camino.LP, como otras muchas otras de las empresas que como organización acordamos, necesita el esfuerzo de sus lectores y en especial de sus lectores de CGT, necesita que aquello por lo que apostamos colectivamente pase a ser, también, apuesta personal de cada uno de nosotros.Ocurre en todos los campos, podríamos estar diciendo grandes verdades y haciendo acertadísimas propuestas, pero estarán condenadas a quedar perdidas en el ruido existente e incluso contribuirán a aumentarlo sin personas que les hagan vivir, que las plasmen en sus formas de ser, de estar y de actuar.A LP le queda mucho camino por recorres y mucho que mejorar, pero hacerlo es algo que requiere las colaboraciones diversas de una mayoría de las personas que formamos la CGT y que, colectivamente, hacemos la apuesta por la revista.

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