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Utopías contra quimeras

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“Eso que planteas es totalmente utópico. ¡A ver si pones los pies en el suelo!” He perdido ya la cuenta de las veces que he tenido que escuchar estas palabras cuando he tratado de dar respuestas alternativas a la realidad monolítica e inmutable que nos venden como la única posible. Si insisto y trato de argumentar desde la razón, comienzo a deslizarme peligrosamente por la pendiente que me sitúa directamente al margen del sistema o, lo que es aún peor, a engrosar las filas de los indeseables, de los jóvenes violentos antisistema, por más que uno haya dejado de ser joven hace muchos años y que repudie la violencia de manera radical. En lo de antisistema…, pues es posible que acierten… de hecho una de las pocas cosas serias y honradas que nos quedan hoy en día es ser radicalmente contrarios al modelo económico y social establecido; armarse de las tan denostadas utopías para desenmascarar y destruir las quimeras del sistema.

No es tarea fácil. El poder de seducción y de adición de las quimeras supera a los más potentes hongos alucinógenos y sus efectos secundarios son devastadores. Los medios de comunicación y la publicidad han actuado de vaselina para que el placebo del consumo como modelo de felicidad, suministrado en forma de supositorio, se nos haya instalado en el fondo del cerebro.

El capitalismo, desde la II Guerra Mundial hasta la caída del muro de Berlín, se vio obligado a diseñar un modelo, el estado del bienestar, que fuera más atractivo para los obreros que el capitalismo de estado que se desarrolló en el bloque soviético. No fue tarea demasiado difícil porque la realidad del socialismo real era demasiado gris, demasiado totalitaria, demasiado desalmada para resultar atractiva. Además es cierto que el estado del bienestar dio notables cotas de progreso social y generó modelos políticos abiertos, tolerantes, en los que la educación, la sanidad, los derechos humanos eran asegurados por el Estado para todos los ciudadanos.

Sin embargo, el fin de la Guerra Fría hizo desaparecer la necesidad de mantener el modelo del bienestar y los poderosos (hoy llamados mercados) decidieron que ya era hora de maximizar sus beneficios. Para lograrlo se 91plantearon su propia utopía (un mundo sin fronteras para sus intereses en el que poder multiplicar exponencialmente sus beneficios) e idearon unas cuantas quimeras para alimentar la fantasía del 99% de la población, de los que iban a salir perdiendo de la utopía del beneficio económico ilimitado. En realidad, hasta la propia utopía del capitalismo no deja de ser una quimera que más pronto que tarde terminará evaporándose como una fantasía imposible en un mundo de recursos limitados.

 

La globalización

Desde 1989 todos los sectores -la agricultura, el transporte y la industria, en un primer momento, y la enseñanza y la sanidad después- se han visto sometidos a cambios estructurales de fondo que han trascendido el marco de los países occidentales en los que se desarrolló el estado del bienestar socialdemócrata y ha afectado al modelo económico en todo el planeta.

93Para alcanzar la utopía/quimera capitalista de la época de la globalización se han aplicado buena parte de las políticas del primer capitalismo, cuando no tenían ningún tipo de freno, combinado con  las peores prácticas del colonialismo. Esta base se mezcla con algunos elementos nuevos como la explosión comercial auspiciada por el desarrollo de los transportes y las comunicaciones y se adereza con productos de ingeniería financiera, más próximos a los modelos piramidales que a las necesidades de la sociedad y del tejido empresarial real… y tenemos listo un plato de pesadilla.

En pocos años se ha logrado lo que ningún empresario explotador del primer capitalismo pudo siquiera soñar en sus sueños más lúbricos… lograr alcanzar un siglo entero de plusvalías. Producir con costes del s.XIX y vender a precios del siglo XXI.

Esta situación ha sido posible por la acumulación de diversos factores: en primer lugar el desarrollo del transporte basado en unos precios bajos de los combustibles fósiles ha facilitado todos los procesos de deslocalización, tanto en la producción agrícola como  industrial. Así se ha favorecido el desarrollo de monocultivos y agrupaciones industriales en los lugares con mano de obra más barata y más desprotegida.

De forma paralela se han multiplicado las acciones neocoloniales para la obtención de materias primas en los países empobrecidos. La promoción de conflictos bélicos domésticos en las zonas productoras de diamantes o coltán (en África Central), las intervenciones armadas directas o indirectas en las zonas productoras o estratégicas para la distribución de combustibles fósiles (Irak, Libia, Afganistán) o el nuevo genocidio de pueblos indígenas en América o el sudeste asiático no son para nada espontáneos. Antes al contrario, son puestas en escena con fuego real de la teoría más descarnada del pillaje.

Todo ello ha sido posible gracias a un elemento novedoso y letal para el 99 % de la población y sumamente beneficioso para el 1 % restante: los productos de ingeniería financiera que supuestamente tenían que aportar la liquidez necesaria para todas estas transformaciones (la deslocalización agraria e industrial, el desarrollo del transporte y la explotación de energías y la promoción y multiplicación del saqueo del tercer mundo). Una financiación que se basaba en los sistemas piramidales que siempre habían sido considerados una forma de estafa hasta que a alguien se le ocurrió ampararlo bajo el título de Ingeniería y darle carta de legalidad incluyendo las finanzas en los planes de estudio de Económicas y en las prácticas habituales de bancos y cajas de ahorro.

Todas estas políticas han generado una serie de efectos colaterales y secundarios. La aplicación de estos términos médico-farmacológicos es a efecto de describir los daños que producen en una parte importante de la humanidad (entre el 90 o el 99%) las medidas que sólo benefician al resto de la población (entre el 1 y el 10 %). Pero mientras en Medicina los daños secundarios o colaterales suelen afectar a una pequeña parte del cuerpo para beneficiar al resto y siempre se tratan de evitar, en el sistema capitalista afectan a la mayoría en beneficio de la minoría y no parece que se traten de evitar. Antes al contrario tienen toda la pinta de ser efectos perfectamente programados para generar nuevas rentabilidades, nuevas formas de hacer negocio.

No es una crisis, es una estafa

Es imposible que ningún experto sospechara que los productos financieros que se manejaban en pleno boom de las burbujas eran las antiguas cadenas piramidales, presentadas en papel couché, con la firma de un banco, el apoyo de prácticamente todos los partidos políticos y el aval de máxima fiabilidad otorgado por las agencias de rating. De hecho hubo muchos economistas que alertaron sobre el carácter tóxico de los productos. Y fueron ignorados, silenciados…, condenados al ostracismo. Y hubo muchas señales de alarma previas (burbuja tecnológica, financiera en Japón y el sudeste asiático). Pero, lo que resulta increíble y escandaloso es que los que pusieron en marcha todo este proceso hacia el abismo -los mismos ingenieros de finanzas, bancos, políticos y agencias de calificación que nos llevaron a la primera ruina- sean los encargados de seguir diseñando nuestra ruina y esquilmando todos los avances sociales y humanos logrados tras más de dos siglos de lucha y sufrimiento.

El primer gran efecto ha sido el retroceso en el ámbito laboral con destino directo en la esclavitud. La deslocalización de la industria y la agricultura no ha servido para mejorar  de forma notable las condiciones de vida de los trabajadores de los países de destino. Las empresas que mueven sus lugares de producción lo hacen para acogerse a beneficios fiscales y, sobre todo, para poder contar con una mano de obra sin derechos y con sueldos de auténtica miseria. Ello les permite producir a precios de dumping social y obliga a los trabajadores de occidente a rebajar sus condiciones salariales y de servicios sociales para poder ser competitivos. Para poder competir con la esclavitud sólo hay dos caminos: A. Convertirnos nosotros también en esclavos y B. Ayudar a los esclavos en su liberación. El sistema ha optado claramente por la primera opción. ¿Y nosotros?

Un efecto derivado, de los modelos de producción y consumo, de explotación agrícola e industrial y de la promoción desaforada del transporte, ha sido la doble crisis energética y medioambiental, con efectos aún hoy difíciles de evaluar si tenemos en cuenta lo que puede suponer la incorporación al modelo piramidal de crecimiento y consumo de la población de China, India, Brasil…

Y todo esto sucede cuando la sociedad occidental, en general y la española en particular, se encuentra inerme, como despertando del sueño del crédito fácil y el consumo desaforado (para mi era una quimera, una pesadilla; pero muchos lo siguen teniendo por el ideal de la felicidad). Para colmo, buena parte de los instrumentos tradicionales de defensa de la población, como los sindicatos, están desacreditados y con dificultades para adaptarse a la nueva realidad. Una población que observa, como si no fuera con ellos, el golpe de estado contra la democracia que supone la supeditación de la política a los designios de los mercados. Los casos de Italia y Grecia son los más evidentes, pero ocurre en todos los países, independientemente del color del partido que gobierna…, Islandia parecía un islote en este caos, pero parece que tampoco se libra del caos capitalista.

Analizar el papel de los políticos y los medios en toda esta situación daría para todo un artículo. A modo de apunte a vuelapluma, dos ejemplos que se pueden aplicar a todo el arco parlamentario a nivel europeo, con escasísimas excepciones: la clase política ha favorecido, mantenido o amparado las prácticas de deslocalización agraria e industrial para favorecer los intereses de las empresas multinacionales europeas y en contra de los intereses de sus propios ciudadanos, agricultores o trabajadores.

En defensa de los mismos intereses ha amparado, mantenido o favorecido la existencia de paraísos fiscales en contra de los intereses del 99 % de la población y, de forma especial, contra los intereses de la pequeña y mediana empresa y del pequeño comercio que trata de salir a flote ateniéndose a las normas laborales y fiscales del país.

Y lo que es, si cabe, más grave: su colaboración en el proceso de secuestro de la soberanía nacional, incumpliendo descaradamente sus programas electorales para aplicar unas medidas que vienen impuestas por un ente externo y difuso… los mercados.

En cuanto a los medios de comunicación, más de lo mismo. Su papel en la transmisión de un modelo social, vía publicidad o vía programación parece evidente.  No menos evidente es la manipulación del lenguaje. Voy a poner un ejemplo claro de lo que podríamos denominar “manipulación por contaminación peyorativa”: Se toman tres adjetivos positivos como son “joven”, “radical” y “antisistema” y se adhieren a otro, totalmente negativo, como es “violento” y los tres adjetivos positivos adquieren carácter negativo, perverso. Además una vez contaminados estos términos por el concepto de la violencia ya se puede obviar su uso explícito, esto ya es evidente con los dos últimos términos y con el termino joven podría llegar a plantearse.

El carácter positivo de partida de los términos joven y radical se puede constatar en el diccionario de la RAE. En cuanto al término antisistema ya he dicho que, por más que les pese a algunos, es una de las pocas cosas decentes que se puede ser hoy en día.

La hora de las utopías

Me he alargado mucho en el análisis previo por lo que no me queda más remedio que dedicarle poco espacio a definir mi propia utopía. Creo que es lo correcto por varios motivos: porque no deja de ser una aportación personal a la construcción de un mundo distinto y porque como tal utopía debe ser desarrollada en el camino de transformación social.

Porque la utopía no es un destino concreto, ni siquiera un destino en el sentido tradicional de palabra. Es como una red de caminos por recorrer que nos permitan avanzar en la dirección de la justicia social, de una sociedad más lenta, más epicúrea, más racional, más liberadora, más cooperativa, más humana.

En realidad voy a hacer míos textualmente los caminos que marca un cartel que vi en la manifestación del 12 de Mayo en Málaga. El cartel animaba a la ciudadanía a imaginar otro mundo posible y proponía estas direcciones por las que caminar: “bien común”, “cultura compartida”, “economía social”, “decrecimiento”, “reparto de la riqueza”, “vivir mejor con menos”, “ética del cuidado”, “energía sostenible”, “lentitud”, “servicios públicos”, “consumo local”, “autogestión comunitaria”, “apoyo mutuo”, “valores cooperativos”, “internet libre”, “renta básica universal”, “pensar global y actuar local”.

Lo bueno que tiene esta utopía es que sólo depende de nosotros para su puesta en movimiento, y lo malo es que solo depende de nosotros para que nunca eche a andar. Podemos y debemos exigir a nuestros gobernantes que se olviden de los intereses de los mercados y se interesen un poco más por la vida de sus Ciudadanos, a quienes les deben un poco más de respeto, además de los sueldos. Pero, si creemos que podemos aspirar a otro mundo, debemos y podemos (eso espero) poner en marcha la rueda de nuestra propia utopía.

Las posibilidades de coordinación y acción que proporcionan las redes de comunicación alternativa nos da instrumentos muy valiosos para la organización, la formación, el debate y el análisis. También para avanzar en la práctica por los caminos de la autogestión, el apoyo mutuo, la economía social, el consumo local y ese imprescindible  “pensar global y actuar local”.

Las redes locales y barriales del 15-M son un magnífico referente para quienes andan un poco descolocados. Son como el germen de un nuevo modelo de sujeto social adaptado a la sociedad actual. A nada que indagues en tu pueblo, en tu barrio o en la red, seguro que localizas puntos de encuentro para seguir el camino de manera comunitaria. También tienes la opción sindical, preferentemente en los sindicatos alternativos. Yo seguiré en el sindicato de Enseñanza, tratando de defender la escuela pública y los derechos de los trabajadores y alimentando, en la medida de las posibilidades, al 15-M o a cualquier organización horizontal que trate de oponerse a los desmanes del sistema.

Mi única cita va para Eduardo Galeano y esa magnífica definición de la utopía: La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.”

La utopía funciona mientras caminamos, despacio, descansando, pero en el camino. Si uno se duerme mucho tiempo corre el riesgo de oír el canto de las quimeras….

 

       ¡Oiga! Que las que cantaban eran sirenas…

       ¿Otra vez con los galgos y los podencos? ¿qué más dará? Tanto las sirenas como las quimeras te llevan a la destrucción siempre que te dejes embaucar por su canto o por su graznido.

 

 

LECTURAS RECOMENDADAS:

No he tomado referencias textuales de ningún autor, pero todo esto no me lo he inventado yo. Os comento algunos de los textos y enlaces que he utilizado para formar mi opinión sobre el mundo en que vivimos y para elaborar este artículo:

 

Fernandez Durán, Ramón: “La quiebra del capitalismo global. Preparandonos para el comienzo del colapso de la Civilización Industrial”, editado bajo licencia Creative Commons por Libros en acción, virus editorial, Baladre y CGT. M 2011 (segunda edición)

               “El crepúsculo de la era trágica del petróleo: Pico del oro negro y colapso financiero (y ecológico) mundial”- Editorial Virus­ / Ecologistas en Acción, 2008.

 

García Moriyon, Félix: “Senderos de libertad”. Editorial Libre Pensamiento. Valencia 2001

 

Gimeno Sacristan, Jose… y otros. “Escuela pública y sociedad neoliberal”- Editorial Aula Libre, Málaga 1997

 

Lafargue, Paul: “El derecho a la pereza” en edición de Manuel Pérez Ledesma. Editorial Fundamentos. Madrid 1980 (tercera edición, corregida y aumentada), Es especialmente interesante el prólogo de Miguel Pérez Ledesma

 

Stiglitz, Joseph E.: “El malestar en la globalización”. Editorial Taurus. Madrid 2002 (tercera edición)

 

Taibo, Carlos: Los trabajos de Carlos Taibo me parecen especialmente motivadores. Os dejo un enlace con su página en la que se pueden leer sus artículos y sus entrevistas y una relación de sus libros con un comentario del autor.http://www.carlostaibo.com/index.php

 

Centro Nuevo Modelo de Desarrollo: Norte/Sur la fábrica de la pobreza. Editorial Popular. Madrid 1997 ( 3ª  edición )

 

EZLN: “Crónicas intergalácticas del Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo”. Barcelona 1997 (2 º edición) Realizada por el col-ectiu de Solidaritat amb la rebel-lio zapatista de Barcelona

 

Y también son de muy recomendable visita  y consulta las páginas de Juan Torres López, catedrático de Economía de la Universidad de Sevilla (http://juantorreslopez.com/) y de Vicenç Navarro, catedrático de  ciencias sociales de la Universidad Pompeu i Fabra: http://www.vnavarro.org/ y del movimiento por el decrecimiento  http://www.decrecimiento.info/  o la memorable entrevista que le hacen a Francisco Fernández Buey en Radio 5 sobre los antisistema http://revoltaglobal.cat/article3146.html o las  intervenciones de Fernández Buey en Público y Rebelión- Para finalizar no puedo dejar de recomendar vivamente el video de la alocución de Myke Prysner, veterano de la Guerra de Irak, exponiendo dónde se encuentra el enemigo: http://www.youtube.com/watch?v=9kWU-JHetMM


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