¿Qué paso debemos dar en el ámbito sindical para conseguir nuestros objetivos?

Oscar Murciano – Sindicat d’Activitats Diverses Terrassa de CGT

Asamblea de preparación de la manifestación por el derecho a la vivienda del 23N 2024 en Barcelona

Me parecen muy necesarios estos formatos de debates e intercambios de opiniones con una mirada larga sobre cómo puede ser el sindicato del futuro. Congresos y conferencias son nuestro marco común de Acuerdos, pero no la única forma de poder encontrarnos y compartir ideas, hablar, escucharnos e inspirarnos colectivamente. El título de este encuentro es muy estimulante, no pensar sobre tal o cuál cambio reciente del capital, esta o aquella decisión a medio plazo. La CGT de 2035 está tan lejos como la del 2015 de ahora, mucho ha cambiado desde entonces y también nosotros y nosotras.

Suele pasar que en estos textos hay un preámbulo previo eterno de disquisiciones teóricas que a veces son simple retórica. Voy a ir al grano respecto del punto en el que centro el escrito, ¿Qué pasos debemos realizar? ¿cómo debe ser la organización que consiga sus objetivos ambiciosos? Queda fuera de alcance aquí detallar el tipo de horizonte o respuesta adecuada a realizar, seguro que otras compañeras/os mencionarán unas cuantas propuestas muy necesarias. Pero, ¿cómo conseguirlas?

Para ello hay que detenerse un momento en lo esencial de nuestra naturaleza como sindicato de contrapoder: dedicamos buena parte de nuestra acción sindical a luchar contra nuestro oponente para conseguir una serie de objetivos. Podando todas las ramas, limitándonos en lo que hace referencia a nuestra relación con el Poder externo, nos queda ese mecanismo. Bien, si luchando es como conseguimos lo que buscamos colectivamente, ¿de qué depende que tengamos éxito, sea una empresa, una demanda social, un derecho colectivo? Aquí se abre un abanico muy amplio que va desde la estrategia, la forma como gestionamos el conflicto, muchos etcétera pero, de nuevo simplificando, ganamos cuando la relación de fuerzas es mayor en nuestro lado.

Es decir, los objetivos ambiciosos que queremos conseguir de gobiernos, sectores o empresas a diez años vista depende en muy alta medida de la fuerza real que tengamos como sindicato. Por lo tanto, es necesario incrementarla significativamente.

Siguiendo el camino de migas de pan que hay detrás de esta lógica existen dos formas de ser un sindicato más fuerte, en términos de ganar conflictos y de mayor envergadura: Con mayor fortaleza de nuestras acciones y con mayor cantidad de nuestros militantes. Dejemos de momento el primer punto (lo retomaremos más adelante) y revisemos el segundo. El anarcosindicalismo es para muchas de nosotras y nosotros no solo un elemento de confrontación, sino un vehículo de una serie de valores que son imprescindibles para la humanidad entera. Pero ¿de qué sirve tener razón, ser coherente, ser fiel a un modelo si éste es incapaz de modificar el cruel mundo que habitamos? ¿Para darnos golpes en el pecho y sentirnos bien identitariamente mientras miramos cínicamente la alienación social imperante?

Se necesita apostar decididamente por el crecimiento afiliativo con un mayor esfuerzo de acogida y participación

A veces se confunde el crecimiento afiliativo con un ataque a nuestras esencias: Claro, si abrimos las puertas de par en par se nos va a llenar el sindicato de aburguesados, flojos, desideologizados. Es de Perogrullo que ese razonamiento lleva al ostracismo, a la organización pequeña donde todos se conocen y a tener un pequeño éxito local en aquella empresa donde somos fuertes. Y poco más. ¿Queremos esa CGT autocomplaciente pero irrelevante para el poder?

La CGT que da miedo al poder ha de ser varias veces más grande en magnitud de lo que es ahora. Nuestras fuerzas han de ser significativas y combativas. Obviamente tenemos un reto importantísimo tanto en una mayor acogida, una mayor participación concreta y no etérea, y por supuesto un imprescindible acompañamiento en las etapas iniciales de cada persona afiliada para que crezcan en el funcionamiento y solidaridad anarcosindicalista. Esa es la pelota que está en nuestro tejado, si fracasamos la organización puede llegar a tener un comportamiento irregular y posiblemente más moderado. Ese es el riesgo de querer jugar en una Liga superior, pero no una condena segura ni mucho menos.

Tenemos una buena carta a nuestro favor: el uso de la propaganda por el hecho y la difusión con fuerza de nuestro carácter de tomar el conflicto por los cuernos ya es una primera medida que aleja a arribistas y segmentos moderados de la clase obrera. Atraemos, mayoritariamente, a otro tipo de perfil. Pero no todas las personas serán así: quienes se aprovechen de sus cargos, medren por beneficio personal, se vendan en definitiva, no tienen sitio en la CGT y se les debe enseñar la puerta lo antes posible.

Por lo tanto, para una mayor fuerza se ha de generar campañas de expansión ambiciosas visibilizando nuestro espíritu combativo, nuestras huelgas, luchas y victorias, no siempre bien atendidas estas últimas comunicativamente.

El crecimiento de la organización para que sea más fuerte tiene una consecuencia: no es escalable con la figura del ultramilitante que se pone a sus espaldas una federación, un sindicato a base de esfuerzo porque nadie más lo hace. La “gente” no pasa de todo, en todo espacio hay siempre posibilidades de generar mayor participación, lo que a menudo implica que la persona omnipresente ha de dar un paso al lado para favorecer ese cambio. La entrada y mayor participación de personas ya existentes en el sindicato no sucederá por generación espontánea sino por acciones concretas que lo faciliten. Concretar tareas, empezar siendo pocas personas pero empezar, cambiar dinámicas, generosidad y acompañamiento es esencial.

En el siguiente punto trataremos el otro punto necesario para una mayor fuerza del sindicato: cómo elevar la potencia de nuestra fuerza en la acción sindical. Contrariamente a lo que algunos piensen, una mayor contundencia y conflictividad supone una mayor entrada de afiliación.

Se necesita incrementar la fuerza de nuestros conflictos y luchas

Las huelgas, de forma extendida otro tipo de conflictos sindicales, se han vuelto previsibles y relativamente fáciles de contener si se siguen esquemas clásicos. Claramente debemos decidir entre enfocar la huelga, la lucha, como una forma de protesta o como una forma de doblegar al contrario. Convocar una jornada de huelga, una protesta con banderas y pancartas, un día de movilización frente a un gobierno tiene un efecto prácticamente nulo más allá de evidenciar un hartazgo o rechazo a tal o cual medida.

Pero si lo que queremos es que nuestra movilización haga un daño real debemos subir las apuestas y sacarla de los carriles clásicos hasta otro lugar donde se cree un problema político-social o un daño muy por encima de la capacidad de aguante de la empresa que tengamos enfrente. Para conseguir esto, sin entrar en detalles como estrategia o contextos propios, hay dos elementos bastante claros: Alargar el tiempo del conflicto (más días de huelgas, más tiempo de campaña) y radicalizarlo añadiendo nuevas formas de presión que sumen al daño generado por la propia huelga, campaña o movilización.

Relativo a mantener el pulso durante más tiempo hasta alcanzar el punto de ruptura es necesaria la incorporación de la caja de resistencia. Tanto estructural como ad-hoc para una determinada lucha. En el estado español tenemos un ejemplo, un laboratorio de aplicación sistemática de este componente. Ya es conocido que en Euskal Herria es donde reiteradamente se realizan más huelgas y seguimientos (no solo proporcionalmente a su población, sino en términos absolutos). Pero también es donde nos llegan noticias de mayores triunfos materiales, es decir, de victorias. Sin caja de resistencia (muy por encima de varios millones de euros) no sería posible vencer la resistencia empresarial. Es importante recordar, también, que es el territorio con mayor afiliación del estado.

Muy probablemente no podemos replicar esas cantidades de recursos, pero sí con menos poder generar cierto efecto sobre algunos conflictos concretos para sumar más victorias. En Catalunya existe desde 2023 una caja de resistencia confederal, modesta, pero que ha sido clave para conseguir varios éxitos en varias empresas el pasado año. El melón debería abrirse y debatir sobre ello.

Además de hacer más largo el eje temporal de los conflictos, se necesita que la fuerza del conflicto sea mayor. No quisiera extenderme mucho sobre diversas opciones que pueden realizarse para ello, pero sí mencionar algunos aspectos clave. La huelga por la huelga no es vencedora. Debemos observar el conflicto o la huelga como una burbuja de presión a la que se pueden añadir otras para que el global se convierta en insoportable. Tanto en dedicar recursos a aspectos como la imagen, realización de acciones de todo tipo por parte de solidarios/as, soporte logístico, legal, prensa y socialización del conflicto para su extensión general. A menudo es recomendable que personas del sindicato formen un grupo de apoyo que se dedique prioritariamente a una determinada lucha, proponiendo ideas pero obedeciendo siempre a las decisiones que haya desde la sección o núcleo del conflicto.

Finalmente, quisiera explicar como estas dos líneas de incremento de fuerza de la organización (cantidad de afiliación y calidad de las luchas) se entrecruzan y retroalimentan entre ellas. Volviendo un momento a Euskal Herria, es curioso que sea el territorio donde más afiliación hay y más lucha también. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? Es difícil de saber ahora ya que es un contexto maduro con pocos cambios. Pero si revisamos el caso de CGT Catalunya podemos observar cómo se produce la evolución. La CGT tenía un comportamiento constante en el tiempo en la realización de conflictos y crecimiento afiliativo digamos, pausado. Desde 2015 es el sindicato que más huelgas convoca en la comunidad autónoma y desde 2018, cada año hasta ahora, también el que más seguimientos genera. Pues también, casualmente y de forma paralela, se disparan las entradas desde 2018 acumulando récord de nuevas afiliaciones cada año desde hace 6, de tal forma que casi se ha doblado el número de personas afiliadas que había en 2015.

Es decir, una mayor actividad y conflictividad del sindicato ha generado un efecto llamada muy positivo. A su vez, al crearse nuevas secciones también saltan nuevos conflictos, que alimentan nuevas entradas al sindicato.

En definitiva, si queremos un sindicato que tengan mayor capacidad real de generar cambios y conseguir nuestros objetivos, necesitamos inevitablemente una mayor fuerza. Fuerza que se consigue potenciando los conflictos existentes, y animando a nuevos, así como apostando por un incremento notable de la afiliación y con el esfuerzo de acogida y participación que implica.

Este texto se publicó en el Libre Pensamiento nº 124 – invierno 2025