No somos invisibles. El trabajo de atención domiciliaria de las técnicas sociosanitarias

Ana Richarte e Isabel Arrabal – Trabajadoras del Servicio de Atención Domiciliaria y delegadas de CGT.

En España, el servicio de atención domiciliaria se entiende de una manera familiar, por eso se llama “Ayuda a domicilio” en algunas comunidades autónomas, y por eso este trabajo parece invisible. En realidad, es un trabajo cualificado realizado por Técnicas sociosanitarias de Atención Domiciliaria, muy similar al del personal sociosanitario de hospitales y residencias. Un trabajo que se realiza en situaciones muy difíciles, porque muchos domicilios no disponen de ascensores, de grúas de traslado, de baños y de puertas adaptadas a personas con movilidad reducida.  

Las técnicas sociosanitarias de atención domiciliaria somos quienes realizamos el Servicio de Atención a Domicilio (SAD). En Andalucía se llaman auxiliares de ayuda a domicilio, en otras partes de España son trabajadoras familiares, y casi todos los usuarios nos llamaban «las chicas de la limpieza». 

La limpieza es una de nuestras funciones, pero no es la única y tampoco es la más importante. Somos personal cualificado, nuestra formación es la misma que la de un auxiliar de enfermería y hemos estudiado con mucha ilusión y esfuerzo el cuerpo humano, las patologías de las personas mayores, las enfermedades que con más frecuencia nos podríamos encontrar, etc. A muchas usuarias les decíamos:

  • «Perdone: me han enseñado sobre las úlceras, los cambios posturales y muchas cosas, pero no me han dicho cómo quitar manchas, qué productos usar para limpiar mejor, o cómo debo utilizar la escoba y la fregona.»

Esto solo se decía a esas personas que nos trataban como si fuésemos las criadas. Ellas se sentaban a mirar como tú hacías las tareas del hogar… y a poner pegas. Gracias a Dios, no todas las usuarias se comportan así. Y decimos usuarias porque la mayoría de las veces son mujeres las que suelen aprovecharse y quieren que nos excedamos en las funciones que debemos realizar.

Un oficio con una larga historia

La atención domiciliaria está ligada a los servicios sociales y se va transformando conforme evolucionan las necesidades de la sociedad.

En España, la Constitución de 1812 reclama por primera vez para el Estado y los organismos públicos el control de la asistencia social y de la beneficencia. Lo hace entregando este servicio a la Iglesia, que atiende y ayuda a las personas más desfavorecidas con sus propios recursos, proporcionando cuidados a personas enfermas y tratando de prevenir enfermedades contagiosas, como la tuberculosis, la peste o la gripe española. Para controlar y erradicar estas epidemias, la atención domiciliaria era esencial, al igual que ocurre actualmente con el COVID.

En Europa, después de la II Guerra Mundial, en los años 50 del siglo XX, se desarrollan dos modelos distintos de asistencia en el domicilio. En algunos países de Escandinavia se reconoce la asistencia domiciliaria como un derecho de ciudadanía del mismo rango que la asistencia sanitaria, mientras que en la Europa central y mediterránea se considera como una labor que corresponde a la familia. Este modelo familiar de asistencia es el que se establece también en España veinte años después, en 1970, durante la dictadura franquista.  El modelo familiar se basa en el trabajo de las mujeres que son quienes cuidan de sus padres, suegros, hijos e incluso algún vecino que no tiene familia, encontrándose en la más oscura soledad.

En los primeros años del nuevo sistema de asistencia domiciliaria, se trabajaba muy duro porque las empresas, con tal de coger el servicio, ofrecían hacer dos limpiezas a fondo al año, por lo cual, dos veces al año, quitábamos cortinas, deshollinábamos paredes, limpiábamos a fondo cocinas y baños, y limpiábamos grandes ventanales, aparte de hacer el trabajo de una auxiliar. ¿Os imagináis salir de un domicilio después de limpiar una cocina a fondo para seguir trabajando en otro y en otro domicilio, haciendo compras, cargando peso, movilizando a personas, aseándolas bien en el baño o bien en la cama (que la cama no esté a la altura y no tengas espacio suficiente para moverte)? Acabábamos reventadas en temporada de primavera y otoño.  Lo bueno es que había una relación entre auxiliar y trabajadora social de línea abierta, había un contacto y mucha más información de la que hay hoy en día.

Los beneficios sociales de la atención domiciliaria: el cuidado humanizado.

El servicio de atención domiciliaria facilita que las personas dependientes que lo deseen puedan permanecer en su domicilio, con sus necesidades básicas diarias cubiertas. Pueden vivir en el lugar donde hicieron su vida, donde tienen sus recuerdos y donde tienen arraigo, en un territorio que les proporciona bienestar y seguridad.

Somos personas. Nos caracterizamos por ser humanitarios/as, solidarios/as, tenemos un gran sentido de la familia y los cuidados, y esto no se entiende sin la humanización. No nos cansamos de repetirlo: el cuidado humanizado es tratar al paciente o familiar como persona, como un ser único que vive su proceso de enfermedad. El simple hecho de mirarlos a los ojos, de escucharlos, de empatizar y comunicarnos con él o ella, de establecer esa relación, es como decirle: no estás solo/a, y eso da seguridad y tranquilidad. Estamos ofreciendo unaatención personalizada, proporcionando los cuidados de acuerdo con las necesidades de la persona, para mejorar su estado.

Hay personas mayores, viudas, familiares con padres o hijos con discapacidad, que son cuidadas por sus familiares en sus casas porque no quieren vivir en una residencia. Las horas del servicio de atención domiciliaria proporcionan un respiro a esas personas cuidadoras.

Para cuidar a una persona enferma en ocasiones no basta con darle la comida y asearla/o, a veces necesitan atención las 24 horas del día. Esto es agotador, sobre todo desde el punto de vista emocional y puede provocar el síndrome del quemado (burnout), tanto en las cuidadoras no profesionales como en nosotras, las técnicas sociosanitarias.

Para las personas que viven solas, una de sus mayores alegrías es cuando escuchan el timbre y ven nuestras caras, porque les hacemos compañía, pueden hablarnos de su vida, familia, problemas, etc. Son momentos que se hacen cortos y que esperan con impaciencia.

Al ir a diario al domicilio del usuario, inevitablemente se crea un vínculo emocional con esta persona. Cuando dejamos de verlos por baja, modificación de cuadrante o fallecimiento, nosotras las profesionales también sufrimos y padecemos un desgaste psíquico, pues llegan a formar, sin quererlo, parte de tu vida. 

El trabajo de atención domiciliaria

Se trata de un trabajo de la rama sociosanitaria, reconocido con un certificado profesional, que incluye distintas tareas:

• Atención Personal: Bañamos a la persona, la vestimos, y la acompañamos a donde haga falta. Si es necesario, le hacemos de comer y le damos la comida. Si la persona tiene poca movilidad, le hacemos cambios posturales y movilizaciones.

• Apoyo educativo: Orientamos/educamos sobre la higiene personal, sobre una correcta alimentación, y también sobre economía y tareas domésticas.

 • Cuidado de la salud: Garantizamos la toma correcta de la medicación, acompañamos a la consulta médica, hacemos pequeñas curas sencillas, y ejercicios físicos y de estimulación que hayan sido pautados y supervisados por un profesional sanitario o psicosocial. En los casos de personas con Alzheimer, realizamos estimulación cognitiva.

Todas estas tareas van encaminadas a conseguir objetivos concretos:

• Objetivos asistenciales: apoyar a las personas en la realización de aquellas actividades de la vida diaria que no puedan hacer por sí solas, especialmente las de cuidado personal y labores domésticas.

• Objetivos preventivos: Evitar o retrasar el ingreso en instituciones, manteniendo a la persona usuaria en su entorno habitual.  Prevenir el riesgo de marginación, aislamiento o abandono. Prevenir el progresivo deterioro de las familias o su claudicación en el desarrollo de los cuidados.

• Objetivos educativos: Fomentar la autonomía de la persona, estimulando el desarrollo de sus capacidades funcionales para las Actividades de la Vida Diaria, y la toma de decisiones sobre su plan de atención.

Las amenazas al trabajo de asistencia domiciliaria

La importante función social del trabajo de asistencia domiciliaria sigue hoy en día amenazada por la existencia de numerosos problemas.

La principal amenaza para la asistencia domiciliaria es la privatización del servicio, pues al quedar en manos de empresas privadas, se rebajan las condiciones de trabajo y la asistencia que reciben las usuarias.

La falta de reconocimiento profesional facilita también la degradación de las condiciones laborales y de la asistencia por parte de las empresas privadas que usan distintas estrategias como los descuelgues del convenio sectorial para imponer condiciones inferiores o el intrusismo laboral de empresas de servicios sin capacidad de organizar este trabajo tan específico.

La asistencia domiciliaria forma parte de la atención a las personas dependientes, es decir, del cuarto pilar del Estado del Bienestar, que complementa a los otros tres pilares formados por los sistemas públicos de pensiones, de educación y de sanidad. Sin embargo, desde la Administración no se reconoce el papel central de la asistencia domiciliaria y no se coordina con el resto de los servicios sociosanitarios. Esta descoordinación provoca que a las personas dependientes no las valore adecuadamente y no reciban las horas de asistencia que necesitan.

La propia naturaleza del trabajo de asistencia domiciliaria genera también situaciones complicadas, que solo pueden resolverse mediante la acción sindical. Entre estas situaciones podemos destacar la dificultad de cubrir necesidades humanas básicas en un tiempo tasado que a veces es insuficiente, los abusos por parte de algunos usuarios que nos consideran sus criadas, la falta de reconocimiento de las enfermedades profesionales o la ausencia de evaluación de riesgos para la salud en el puesto de trabajo, es decir en los domicilios de los usuarios.

Nuestra lucha por mejorar las condiciones laborales y la calidad de la asistencia a los usuarios

Tras mucho trabajo de organización y de lucha, hemos ido concretando nuestras principales reivindicaciones; mejorar nuestras condiciones de trabajo es mejorar también la vida de las personas dependientes a las que atendemos:

  • Reconocimiento del colectivo como trabajadoras sociosanitarias
  • Remunicipalización del servicio en empresas públicas
  • Evaluación de riesgos laborales en cada domicilio y adaptación de los puestos de trabajo, especialmente para las compañeras embarazadas.
  • Salarios dignos
  • Derecho a la conciliación familiar
  • Pluses de toxicidad, penosidad y peligrosidad
  • Adelanto de la edad de jubilación por penosidad, al igual que otras profesiones
  • Reducción de la jornada semanal sin rebaja salarial.

Avanzamos paso a paso

Organizadas en CGT, hemos conseguido dejar de ser invisibles. Con nuestra «performance» y nuestra marcha por toda Andalucía, hemos conseguido llamar la atención y hacer visible nuestra profesión.

Nuestras reivindicaciones han llegado a la prensa, la radio y la televisión, y también a YouTube y hemos conseguido que otros sindicatos mayoritarios empiecen a moverse y a ponerse las pilas.

Nos hemos dirigido al Congreso para ser reconocidas como sociosanitarias y que no se utilice el apelativo de ayuda a domicilio, porque no prestamos una ayuda a la familia, sino una atención sociosanitaria, que debe ser reconocida como un servicio más de sistema público de protección social.

Mediante la organización y la movilización, hemos logrado la readmisión de dos compañeras despedidas, una represaliada por salir en una «performance» y otra con un contrato eventual en fraude de ley.

En un sector con mucha precariedad, defendemos los derechos de todas las trabajadoras del colectivo, tanto indefinidas como temporales y hemos logrado que las compañeras con contratos temporales se les de formación y su descanso correspondiente.

Durante los meses más duros de la pandemia de COVID, desde CGT nos movilizamos para surtir de mascarillas y pantallas, porque las empresas nos dejaron desprotegidas, y finalmente nuestra labor esencial fue reconocida públicamente por la Junta de Andalucía.

Estamos logrando también algunos avances en la remunicipalización del servicio, para que sea prestado directamente por empresas públicas. En Sevilla se ha abierto una mesa para estudiar la remunicipalización del servicio de atención domiciliaria con la participación de CGT SAD.  

Mucho por andar, mucho por conseguir

Tras conseguir coordinarnos en toda Andalucía, nuestro próximo objetivo es coordinarnos a nivel estatal, pues lo problemas del servicio de asistencia a domicilio son comunes en toda España. Con esta coordinación estatal, estaremos en mejores condiciones para conseguir el derecho a la evaluación de riesgos laborales en cada puesto de trabajo y también el reconocimiento de las enfermedades profesionales.

El trabajo de asistencia sociosanitaria a domicilio es muy gratificante, pero también muy duro. Cuidamos a pacientes que rara vez mejoran, por el proceso de su enfermedad y los acompañamos en la última etapa de su vida, hasta llegar a la muerte. Cuando pierdes a una persona usuaria es como si perdieras algo de ti. Evidentemente, no es el mismo dolor que pueda sentir la familia, pero a ti se te queda un vacío en el alma, y siempre vas a recordar a esa persona con cariño.